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“Aquí supe que podía caer. Aquí no tenía nada que explicar y todo que decir. Podía ser al mismo tiempo una madre feliz, una mujer dañada y una hija que llora la muerte de su padre. Sabía que todo era posible y estaba permitido. Fue allí donde aprendí a dejar correr las lágrimas mientras protegía a mi hija de esta angustia que era mía…”. Con voz temblorosa, Anna, de 40 años, relee estas pocas palabras escritas en las notas de su móvil al salir del hospital de día donde había pasado nueve meses con su hija.

Han pasado casi dos años y este martes al mediodía regresó por primera vez al Hospital Materno Infantil del Este de París (HMEEP) ubicado en el distrito 11 para apoyar a los 90 empleados de esta instalación única en París. Carteles en mano, panderetas en mano, trabajadores sanitarios en bata esperan salvar el hospital amenazado por el plan de venta de su director.

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