“Lucharemos para encontrar nuevos recursos propios” para el presupuesto de la UE “y seremos pragmáticos sobre la deuda común”, declaró ayer el presidente francés, Emmanuel Macron, durante la rueda de prensa que ofreció en Atenas, a su regreso de la cumbre europea en Nicosia. Sus comentarios se enmarcan en el debate sobre el futuro de las reglas presupuestarias y de deuda de la recuperación y acaban acercándose, al menos en términos de planteamiento, a la línea apoyada por Italia en el Pacto de Estabilidad.
El presidente francés abordó abiertamente la cuestión de los nuevos desafíos comunes, reconociendo resistencias pero indicando una perspectiva diferente: “Hoy, muchos te dirán nunca, nunca”, observó, para luego añadir que, en realidad, las alternativas son limitadas. “O deciden no invertir, cometiendo un enorme error estratégico, o deciden aumentar su contribución nacional, cosa que no quieren hacer, o encontramos nuevos recursos. Así que al final lo conseguiremos”. Una posición estrechamente vinculada al debate en curso sobre las normas presupuestarias europeas, donde el ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti, ha subrayado repetidamente la necesidad de una mayor flexibilidad, llegando incluso a pedir una suspensión o revisión del Pacto de Estabilidad para permitir inversiones estratégicas. En este sentido, la idea de Macron de reforzar los instrumentos comunes parece coherente con la petición italiana de evitar restricciones demasiado rígidas en una fase de transformación económica y geopolítica.
El presidente francés también reiteró la gestión de la deuda contraída durante la pandemia: “Nos endeudamos durante el Covid. Hoy nos dicen que debemos pagarla rápidamente. Es absurdo. Aplacemos esta deuda. Reemitímosla porque la gente quiere estos títulos a precios bajos”.
Una propuesta que pretende explotar la demanda del mercado de activos seguros y garantizar un mayor margen de maniobra para los presupuestos públicos europeos. Desde esta perspectiva, la deuda común no sólo se considera una herramienta de emergencia, sino también una palanca estructural. “Para gastos de interés común, es posible que tengamos interés en emitir deuda juntos”, explicó Macron, citando áreas como la defensa, el espacio o la inteligencia artificial. Y recordando que se trata de sectores que requieren inversiones importantes y coordinadas, difíciles de sostener a nivel exclusivamente nacional.
El presidente destacó a continuación el creciente interés de los mercados por los instrumentos europeos: “Hay interés por la deuda europea, los inversores quieren reducir los riesgos”. Y nuevamente: “Necesitamos lo que los mercados llaman un activo seguro y líquido. Esta es la deuda europea”. Un análisis que refuerza la idea de un papel más amplio de la Unión como emisora. A su lado, el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, se mostró confiado en la capacidad de Europa para encontrar un compromiso: “Como siempre, en el último momento, encontraremos una solución”, afirmando que una deuda común “nos haría más fuertes como Europa”.
Finalmente, Macron reiteró la necesidad de nuevos recursos propios y un enfoque pragmático: “Necesitamos más dinero público, este dinero público debe ser europeo”. Un pasaje que recuerda directamente la cuestión política también destacada por Italia: con las contribuciones nacionales difíciles de aumentar, la vía de los recursos comunes y la flexibilidad de las reglas presupuestarias se vuelve cada vez más central.
En general, las posiciones expresadas en Atenas muestran una creciente convergencia entre París y Roma en un punto clave:
Para respaldar el crecimiento, la transición tecnológica y la seguridad, Europa necesitará combinar una mayor integración financiera y una revisión de las reglas fiscales existentes, yendo más allá del enfoque más restrictivo del pasado.