Nicolas Sarkozy, esta vez, está seguro de ello: lo ha demostrado “inflexible” de su inocencia. Sus abogados habían elaborado, el miércoles 29 de abril, una serie de cuadros oscuros de los que había sacado un resumen claro: ciertamente Ziad Takieddine, el intermediario omnipresente, recibió millones de euros de los libios, pero ni un céntimo llegó a la campaña del candidato Sarkozy, y una gran parte de las sumas regresaron a Libia en forma de sobornos. El Tribunal de Apelación de París se había dado el fin de semana para analizar esta avalancha de cifras, pero Nicolas Sarkozy lo volvió a hacer, el lunes 4 de mayo, con nuevos cuadros, igualmente impenetrables.
No es probable que la manifestación baste para convencer a los magistrados de que abandonen la acusación, y esta dramática acción del ex jefe de Estado dejó impasible al presidente Olivier Géron en el último día de los debates del juicio de apelación contra las sospechas de financiación de la campaña electoral del candidato de derecha en 2007.
Las tablas proceden del análisis de una memoria USB, la “llave Tak”, facilitada por la viuda de Ziad Takieddine. Durante el divorcio, la señora había copiado lo que había encontrado en la casa de su rico marido, para no sufrir daños tras la separación. No todo está ahí, especialmente los documentos en árabe de los que no habla.
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