Considerando los resultados de Ferrari y Juventus, considerando la propiedad común de la empresa, considerando que en ambos casos el llamado proyecto fracasó, surge espontáneamente la pregunta: ¿quién dirige Ferrari? ¿Quién manda en la Juventus? Respuesta básica: John Elkann. Éste es el problema, porque a diferencia de sus ilustres padres, Gianni y Umberto Agnelli, que delegaron la gestión de los dos bienes en personalidades definidas y autorizadas, el ingeniero Elkann tomó una serie de malas decisiones sobre los hombres y, por tanto, sobre los administradores. Los decepcionantes resultados en las pistas y en los campos de fútbol, junto con los éxitos de los competidores, han puesto de relieve la falta de visión de la inversión humana. La Juventus es una empresa de entretenimiento, Ferrari produce coches deportivos y tecnología de lujo, mundos distantes pero paralelos, unidos desde que Agnelli ayudó a la empresa de Enzo Ferrari en 1969, Fiat compró el 50% del paquete accionario con preferencia sobre el 40% restante cuando murió Drake. En los últimos 15 años, las inversiones del equipo han superado los 5.300 millones, lo que, sin embargo, corresponde a un balance claramente positivo para la empresa Ferrari. No se puede decir lo mismo de la Juventus, que en los últimos ocho años ha visto sus cuentas hundirse con una gestión imprudente y una deuda sensacional sobre la que los accionistas intervinieron con mil millones en refinanciaciones. Con las muertes de Gianni y Umberto Agnelli y la de Sergio Marchionne, Ferrari y Juventus perdieron su identidad histórica, perdiendo figuras autorizadas en la gestión ordinaria y extraordinaria. Elkann eligió la conexión francesa, de Blanc a Vasseur pasando por Comolli, ninguno tiene un currículum adecuado, los resultados son obvios, el último campeonato del mundo de Ferrari fue en 2007, Luca di Montezemolo presidente, el último campeonato de la Juventus fue en 2020, Andrea Agnelli presidente, dejo de lado la pérdida total de competitividad en la F1 y en el fútbol.
En la Juventus, la confusión corporativa está en su punto máximo, ningún entrenador es influyente y digno de la historia de la Juventus, circulan rumores de guerra interna, la deriva es obvia. El silencio-ausencia de Elkann aumenta la incertidumbre. Contrariamente al aforismo de Ennio Flaiano, la situación es grave pero también grave.