Desde los baluartes técnicos de la ortodoxia monetaria hasta los abanderados políticos de los intereses nacionales: la politización de los bancos centrales y sus líderes es cada vez más evidente.
En Estados Unidos, Kevin Warsh (foto) heredará una Reserva Federal cada vez más dividida en un contexto económico cada vez más complejo. No sólo eso. Jerome Powell, aunque abierto a su sucesor, anunció que quería seguir siendo gobernador, una especie de guardián anti-Trump que aún podrá dar su opinión en futuras reuniones. Entre bastidores, ya han comenzado grandes maniobras con vistas a un cambio de guardia también en el BCE en octubre de 2027. Al revelar a la prensa a mediados de febrero que no descartaba dejar el cargo antes del final de su mandato, Christine Lagarde obligó a los candidatos a revelar sus identidades y a los Estados de la eurozona a lanzar sus propias actividades de lobby. La sucesión va acompañada también de otros dos cambios que remodelarán profundamente el BCE de aquí a finales de 2027: el puesto de economista jefe, actualmente ocupado por el irlandés Philip Lane, quedará vacante en mayo de 2027; el de Isabel Schnabel, la influyente miembro alemana del consejo de administración, finalizará en diciembre de 2027. Además, el vicepresidente, el español Luis de Guindos, dejará su cargo y será sustituido a principios de junio.
La búsqueda del sustituto de Madame Lagarde también se vio acelerada por la sorpresiva despedida al frente del Banco de Francia de François Villeroy de Galhau, que tomará el mando de la fundación Apprentis d’Auteuil en junio. Ayer se publicó su última carta al presidente de la República, Emmanuel Macron, en la que escribía que Francia debería “evitar la recesión” de aquí a 2028, a pesar de las incertidumbres relacionadas con la guerra en Oriente Medio y del crecimiento nulo registrado en el primer trimestre y de una inflación que pasó del 1,1% anual en febrero al 2,5% en abril. Villeroy indica que la inflación, “tras un repunte” en 2026, debería volver a caer por debajo del 2%, pero subraya “la imprevisibilidad de la duración y la magnitud del shock”. En el peor de los casos, el crecimiento sería del 0,3% este año y la inflación promediaría el 3,3% durante el año. En este contexto, el banquero central insiste en que cualquier medida de ayuda vinculada al aumento de los precios del combustible debe ser “temporal y extremadamente dirigida” a quienes la necesitan.
La despedida de Villeroy nos lleva directamente a otro indicador de la politización de los banqueros centrales: el nombramiento para el cargo de gobernador.
del Banco de Francia por Emmanuel Moulin. Un hombre del Tesoro francés, candidato de Macron. No un técnico, sino un negociador político. También útil de cara a las elecciones francesas del próximo año, que serán cruciales.