Cualquier persona que sufra constantemente sequedad, irritación, ardor o ojos llorosos debe consultar a un médico para averiguar la causa. No es sólo el cansancio, las corrientes de aire, el trabajo frente a la pantalla y algunos medicamentos, como los antihipertensivos y los diuréticos, los que hacen que los ojos se vuelvan sensibles.
Algunas enfermedades también pueden alterar la composición de la película lagrimal, como la diabetes mellitus, las alergias, enfermedades de la piel como la neurodermatitis o la psoriasis, las enfermedades reumáticas inflamatorias crónicas y las enfermedades de la tiroides.