Se produce un pico bursátil en el que el aire es tan enrarecido que, hasta hace unos meses, sólo doce empresas en el mundo podían respirar. Desde ayer, este exclusivo club, ese en el que cada título vale al menos mil billones, tiene un nuevo miembro: Samsung. Para la histórica empresa familiar que comenzó hace casi un siglo vendiendo pescado seco y udon, encontrarse junto a gigantes como Apple y Microsoft no se considera un éxito, sino un paso más en la dirección correcta. La fortuna de la empresa dirigida por Lee Jae-yong reside en su capacidad de adaptación. Desde alimentos hasta teléfonos e inteligencia artificial, Samsung, con un valor de mercado de 1 billón de dólares gracias a la fuerte demanda de acciones relacionadas con la tecnología, se convirtió en la segunda empresa de Asia Oriental en unirse a este club de élite junto con Taiwan Semiconductor Manufacturing.
Si miramos el Kospi, la lista surcoreana en la que Samsung ocupa casi una cuarta parte del valor, el título registró un salto de más del 14% en apenas unas horas, tras la ola positiva del sector de las nuevas tecnologías que, el año pasado, le permitió quintuplicar su valor. En el primer trimestre de este año, la empresa registró un beneficio operativo récord de 57,2 billones de wones (más de 33.000 millones de euros), más de ocho veces la cifra del mismo periodo del año pasado. El éxito de Samsung y del fabricante de chips surcoreano SK Hynix dio impulso al Kospi que, tras ser el arancel más afectado al inicio de la guerra de Oriente Medio, alcanzó un nuevo récord por encima de los 7.000 puntos. El Kospi ha subido más del 70% desde principios de año, tras ganar un 76% en 2025, su mayor subida desde 1999.
Mientras tanto, ayer en China, DeepSeek se acercó a una supervaloración de 45 mil millones de dólares gracias a alrededor de 20 millones de dólares en inversiones del Big Fund, el fondo estatal de China centrado en nuevas tecnologías.