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El Senado estadounidense se prepara para entregar las llaves de la Reserva Federal a Kevin Warsh, el candidato elegido por Donald Trump para suceder el legado de Jerome Powell. La votación se espera para hoy y el resultado parece obvio tras la aprobación del Comité Bancario del Senado. El cambio al frente de la Reserva Federal, que será efectivo a partir del 15 de mayo, llega en un momento decididamente crítico, cuando los elevados precios de la energía provocados por el conflicto con Irán hacen decididamente más difícil el escenario de recorte de tipos propugnado por Trump.

Los mismos días en que Warsh tome el cetro de la Fed llegará una actualización sobre la magnitud de la tasa de inflación, que se espera que se acelere hasta el 3,8% en abril. El aumento de los precios inclina el mercado hacia una Fed cautelosa, incluso bajo el liderazgo de Warsh. “Si se llegara a un acuerdo que permitiera reabrir el Estrecho de Ormuz y reanudar los flujos de gas y petróleo, un recorte de tipos para finales de año sería incluso más probable que un aumento”, dice James Knightley, economista jefe internacional de Ing. No hay duda de que el conflicto en Oriente Medio complica considerablemente la situación. Según Dan Ivascyn, director de inversiones de Pimco, recortar los tipos ahora sería “contraproducente” y no descarta la necesidad de un ajuste si la crisis del petróleo fuera a durar.

Entre los muchos desafíos que habrá que afrontar estará el de preservar la independencia del banco central a los ojos del mercado. En este sentido, Warsh aseguró durante su audiencia en el Senado que no tenía intención de dejarse influenciar por presiones de la Casa Blanca. “Tendrá que evitar aparecer como un títere de Trump y, por tanto, mostrarse independiente”, observa Alessio Garzone, gestor de cartera de Gamma Capital, que también destaca uno de los puntos clave de la agenda de Warsh: la reducción del gigantesco balance de la Reserva Federal, legado de crisis pasadas; esta acción puede reemplazar en parte el uso de tasas de interés para enfriar la economía.

Entre los temas estrictamente económicos, además de la inflación, el mercado laboral es sin duda el otro gran tema de especial observación. En el extranjero, el empleo muestra señales contradictorias: los últimos datos sorprenden positivamente, pero los anuncios de reducciones sustanciales de plantilla en el mundo de la tecnología se intensifican semana tras semana, desde Meta hasta Microsoft pasando por Coinbase. Y el tema subyacente de estos tratamientos adelgazantes orgánicos es el avance de la inteligencia artificial.

Precisamente la IA es uno de los principales argumentos de la teoría en la que Warsh basa su creencia de que el nivel de los tipos de interés debe bajar. El exgobernador de la Reserva Federal y exbanquero de Morgan Stanley está convencido de que la economía estadounidense está entrando en una fase de revolución productiva impulsada por la IA, que tendrá un efecto estructuralmente deflacionario a través de una mayor productividad, menores costos operativos y una mayor eficiencia empresarial. Según Warsh, un paradigma que abre la puerta a recortes de tipos sin impulsar la inflación. Los críticos temen que la Doctrina Warsh pueda conducir a recortes prematuros de tasas cuando aún no se han cuantificado las ganancias de productividad derivadas de la IA.

Entre las prioridades indicadas por Warsh se encuentra también un cambio radical en el lenguaje de la política monetaria. Bajo el liderazgo de Powell, la comunicación ha estado dominada por orientaciones que indican posibles trayectorias futuras de las tasas.

El nuevo presidente, sin embargo, aspira a una Reserva Federal que sea más libre para decidir de vez en cuando, sin estar demasiado atada a promesas o escenarios. Un punto de inflexión que Wall Street está siguiendo de cerca porque podría marcar el inicio de una era mucho más agresiva en la remodelación de las relaciones entre tasas, crecimiento y tecnología.

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