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La exposición más grande jamás dedicada a Tracey Emin es también la más intensamente personal, visceral e íntima, una ventana abierta a la vida y el alma de una mujer que, más que ninguna otra, sublimó el trauma, la pasión y el dolor, transformándolos en arte. La Tate Modern reúne más de un centenar de obras que marcan cada etapa de su recorrido artístico y muestran su amplia gama: de pinturas a bronces, de luces de neón a bordados y colchas, de dibujos a escritos, de vídeos y fotografías a instalaciones.

“Las dos vidas de Tracey Emin en la Tate”

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La exposición, comisariada y fuertemente apoyada por la directora de la Tate, Maria Balshaw, es en realidad una retrospectiva de la carrera artística de Emin durante los últimos 40 años, aunque el artista ha dicho que “las retrospectivas son para los muertos”. Es por ello que Emin ha querido que, aunque la exposición siga un recorrido cronológico, en cada sala haya uno de sus cuadros recientes, vinculando así el pasado y el presente y recordándonos que ella, a pesar de recuperarse de una gravísima enfermedad, sigue pintando.

“Una segunda vida”

Una vez más, para celebrar su victoria sobre el cáncer de vejiga que la llevó al borde de la muerte en 2020, Emin quiso titular la exposición “una segunda vida”. El artista explicó que es un “momento donde miro hacia atrás pero también puedo avanzar, la celebración de una segunda vida, que es una posibilidad negada a muchos”.

El punto de partida es un collage de pequeñas fotografías Polaroid de dibujos y pinturas de los años 80, fotografiados y luego destruidos en un momento de crisis, y de cartas y dibujos que relatan los insultos racistas dirigidos contra Emin, hija de un turcochipriota, durante su adolescencia en Margate, una pequeña ciudad del Canal de la Mancha. Y luego una inmersión sin compromisos y sin falsas vergüenzas en la experiencia vivida: la violencia sexual que sufrió cuando era niña y que relata en un vídeo en el que baila y en edredones de retazos, una forma de arte tradicional que Emin quería redescubrir y reinventar, mientras un letrero de neón declara: “Podría haber amado mi inocencia”. Y luego un largo vídeo, dibujos, pinturas e instalaciones para recordar un aborto traumático agravado por la crueldad descuidada de médicos y enfermeras.

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