La noche del 14 al 15 de abril de 1912 promete ser tranquila y fría frente a la isla de Terranova. El Atlántico era tan llano y negro que la navegación resultaba monótona, casi aburrida, y ocultaba las trampas de hielo escondidas en la superficie del agua. Unas cuantas olas más habrían bastado y las típicas ondulaciones espumosas habrían revelado la presencia del iceberg capaz de vaciar el Titanic, en su momento el transatlántico más impresionante del mundo. Lo “insumergible” se hundió, dejando una estela de consternación y dolor que, aún hoy, más de un siglo después de la tragedia, deja ecos en el imaginario colectivo. Para revivir estos momentos desde una perspectiva única, desde el jueves hasta finales de otoño, llega a Milán, en el Spazio Bergognone 26, “Titanic: un viaje en el tiempo”, una experiencia de realidad virtual firmada por Fever que invita a encarnar a los pasajeros del legendario barco: durante 45 intensos minutos, los visitantes podrán recorrer las etapas de la trágica historia en un “punto de vista” único. Creado en colaboración con los expertos de Musealia, que garantizan la fidelidad histórica del proyecto, el viaje en el tiempo pensado para todos, desde los aficionados hasta las familias, parte del presente, con un descenso virtual a una profundidad de casi 4.000 metros para observar los restos del naufragio tal y como se ven hoy. Resulta especialmente sugerente la yuxtaposición entre el perfil original del casco y lo que de él queda en el fondo del océano. Desde allí, la experiencia nos lleva de regreso al puerto de Southampton, el 10 de abril de 1912, día de salida del RMS Titanic: un coloso que medía casi 270 metros de largo y 30 metros de ancho, superando en altura a un edificio de 15 pisos. Una vez a bordo, podrás explorar ambientes reconstruidos con mimo filológico: desde la famosa escalera hasta los comedores de primera clase, pasando por camarotes privados y terrazas exteriores. El recorrido avanza poco a poco hacia los momentos finales de la travesía, hasta el impacto con el iceberg, que provocó un corte de 90 metros en la parte delantera derecha del casco, provocando el hundimiento en pocas horas. Todo con un fuerte componente interactivo: los participantes no sólo observan, sino que literalmente pueden “tocar” ciertas partes del naufragio, miran diferentes puntos de la escena e interactúan con el entorno virtual, por ejemplo alimentando los motores con carbón, y conocen a figuras clave de la época, como miembros de la tripulación, diseñadores de barcos e incluso el famoso y desafortunado comandante Edward John Smith, que se sacrificó al hundirse con el barco.
A través de una narrativa cinematográfica y una reconstrucción detallada, el proyecto pretende transformar uno de los episodios más conocidos y oscuros de la historia marítima en una experiencia inmersiva con fuerte impacto emocional, capaz de combinar revelación histórica y entretenimiento.