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Obviamente hablaremos de la guerra en Ucrania, de las incursiones de drones en la región del Báltico, de la seguridad del extremo norte, del bloqueo del Estrecho de Ormuz y de las consecuencias de la guerra en Irán para las economías europeas. Pero el jueves 21 y viernes 22 de mayo, los Ministros de Asuntos Exteriores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se reunirán en Helsingborg, Suecia, para preparar la cumbre de Ankara los días 7 y 8 de julio, se preguntarán sobre todo una cuestión: ¿cómo preparar la transferencia de la responsabilidad de la defensa colectiva europea de los Estados Unidos a los europeos, después de la multiplicación, desde principios de mayo, de los confusos anuncios de Washington sobre la retirada de los soldados estadounidenses del Viejo Continente?

Donald Trump nunca ha ocultado lo que piensa de la Alianza Atlántica, a la que desprecia. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, el presidente estadounidense ha seguido desafiando a los europeos a invertir más en su defensa, compromiso que se comprometieron a asumir en junio de 2025 durante la cumbre de la OTAN en La Haya (Países Bajos). A partir de ahora, la administración estadounidense pide a sus aliados que aceleren su ascenso al poder para sustituir a Estados Unidos, con el fin de garantizar la responsabilidad principal de la defensa convencional, además de la dimensión nuclear, que está destinada a permanecer bajo el control de Washington.

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