Por un lado, una explosión de alegría. Los jugadores de Lensois, con las banderas de Sangre y Oro en la mano, saltan ante una grada de aficionados que se alzan como un solo hombre, transportados por las notas del Lagos de Connemara que resuena en el parque del Estadio de Francia, en Saint-Denis (Seine-Saint-Denis). Por el otro, los rostros cerrados de los nizales, que acudieron a explicarse ante su público ante las ya escasas gradas. Dos estancias, dos ambientes, para un mismo resultado. El Racing Club de Lens (RCL) acaba de ganar la primera Copa de Francia de su historia, el viernes 22 de mayo, dominando al OGC Nice (3-1).
En el campo, el portero del Lens, Robin Risser, aplaude a su orador. El técnico, Pierre Sage, permanece helado, como si no pudiera lograr su objetivo, mientras Rubén Aguilar, al igual que Florian Sotoca, no puede contener las lágrimas. Frente a ellos, un público de Sang et Or que abraza, llora y canta a todo pulmón, con un fervor a veces digno de las mejores veladas del estadio Bollaert-Delelis. Una velada perfecta que concluyó con la entrega del trofeo, el primero desde el título de campeón de Francia en 1998, levantado, como un símbolo, por el capitán Adrien Thomasson.
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