Todo empezó en 2001. Ya cedido por el Barcelona por una temporada, Mikel Arteta vio llegar en verano a un compatriota, Cristóbal, y a dos argentinos, Gabriel Heinze y Mauricio Pochettino. “Era el grupo de los cuatro mosqueteros, pero no sectarios”, recuerda el ex portero Jérôme Alonzo, testigo en primera fila de aquella época. En realidad pasaban la mayor parte del tiempo juntos, unidos por la misma cultura hispana, por el idioma, por el hecho de querer cenar tarde. Pero todos fueron muy amables, nunca estuvieron de su lado. Con el dinero de las multas todo el equipo comía juntos una vez al mes y siempre estaban ahí para divertirse. »