Imaginemos que la campaña olímpica de Hamburgo no fracasara porque no existiera: ¿cómo sería entonces la ciudad?

Una vez que se ha calmado el entusiasmo por el claro “no” con alrededor del 55% de los votos (cerca del 45% votó por el “sí”), cuando se han expresado las necesarias expresiones de pesar por parte de los partidarios y se han calmado los cánticos triunfantes de los oponentes, hay que recordarlo: la posibilidad de acoger los Juegos Olímpicos ha puesto en dificultades a los que están en el poder. ¿Realmente deberían haber mantenido a su ciudad fuera de esta competencia? Esto habría sido interpretado por ellos como una vacilación, si no como un desprecio sin sentido de una oportunidad favorable.