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El domingo 24 de mayo, Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, gritó a los medios: “El mundo podría recibir buenas noticias” en las próximas horas. El mundo entiende que se está preparando la reapertura del estrecho de Ormuz, bloqueado desde hace tres meses. Unas horas antes, Donald Trump había afirmado que el texto había sido “ampliamente negociado”.

Por la noche, sin embargo, no se ve humo blanco en el horizonte. Los únicos penachos que vemos, al día siguiente, son los negros de la destrucción: Estados Unidos ataca un emplazamiento de misiles en el sur de Irán, que responde enviando algunos drones a una base estadounidense… Ya no se trata de golpear, sino de golpear.

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