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Era una Italia llena de niños y de optimismo que miraba hacia el futuro. Y la televisión fue el escaparate, o más bien el alféizar, de este ansiado e inesperado bienestar. Fue Telebiella, una especie de asteroide que cayó en el cielo de Rai y que rompió el monopolio estatal de la televisión. Mil novecientos setenta y dos: Peppo Sacchi fundó una pequeña cadena provincial que se opuso al gigante de Viale Mazzini. Parece imposible, pero Sacchi, que transmite por cable, gana su batalla, como David contra Goliat. Esta epopeya termina hoy con la muerte del capo corsario, fallecido a los 93 años, lejos ya de las noticias, pero dentro de los libros que estudian la evolución de la información y el entretenimiento en la península.

Sacchi, ex director de la Rai, es un apasionado de las cámaras y los micrófonos y persigue su sueño: al fin y al cabo, Italia está cambiando y Giorgio Aiazzone, que llenará de publicidad la pequeña televisión, transforma su fábrica de muebles de Biella en un santuario secular donde los domingos, bajo la dirección de un batallón de policías de tráfico obligados a trabajar horas extras, los italianos descubren habitaciones y cocinas modulares. El resto lo hará la publicidad casi taumatúrgica de Guido Angeli, ese “Ver para creer” que marcará a algunas generaciones.

A Telebiella, punto de orgullo de la escena, llegan Enzo Tortora, que se convierte en vicepresidente, Ezio Greggio, que debuta en estas pantallas, Bruno Lauzi, que lanza un programa sobre la canción, y algunos jóvenes periodistas de talento, como Gabriele Barberis, hoy líder político de Giornale, que da allí sus primeros pasos.

Roma, naturalmente, no puede tolerar esta incursión irreverente que parte de las periferias del imperio y pone freno a sus ruedas: la ley electoral fue modificada para prohibir el cable, pero en 1974 el Tribunal Constitucional dejó inamovible la libertad de las ondas.

El muro está cayendo y otros, como Silvio Berlusconi, se beneficiarán. Sacchi permanece siempre en esta dimensión doméstica, siendo su esposa Ivana Ramella su primera colaboradora y presentadora.

Pero Telebiella y las cadenas de televisión que van surgiendo aquí y allá marcan nueva partitura, muestran caras nuevas, en definitiva alejan a los actores del país y abren nuevos caminos como los pioneros.

Es en este mundo donde también aparece una vendedora de algas, Wanna Marchi, de Ozzano nell’Emilia, que atrae a miles de amas de casa con su lenguaje soez y sus maneras histriónicas.

El 6 de julio de 1986, el avión de Aiazzone se estrelló en Sartirana di Lomellina y el matrimonio Angeli-Marchi organizó, no para Telebiella sino para Rete A, un velatorio increíble y larguísimo que se convirtió en un

caso escolar.

Este mundo nacido en los márgenes se organizó y desembarcó en Milán y luego en Roma, en los palacios del poder. Comienza otro capítulo del traje tricolor. Sacchi permanece en Biella. Hasta su muerte, ocurrida ayer.

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