En 2026, Barilla entra por primera vez en el top 10 del Global RepTrak 100, el principal ranking global que mide la reputación de las empresas globales. Los rankings no se limitan a asignar posiciones: leídos más allá de los datos, nos permiten entender qué rasgos, en un momento concreto, son realmente recompensados. Y cuando la medida no es sólo el desempeño, sino la reputación, el panorama se vuelve aún más interesante, porque no sólo pesa la fuerza de la marca, sino también la calidad de la confianza que una empresa logra construir con el tiempo.
Es desde esta perspectiva que se debe observar el Global RepTrak 100 2026. Más que una simple clasificación de las empresas con mayor nivel de reputación, la clasificación recupera los elementos que hacen que una empresa sea hoy creíble ante sus stakeholders. Entre las diez primeras posiciones se encuentran LEGO, Samsung, Ferrari, Levi Strauss y, por primera vez, Barilla: entidades profundamente diferentes en términos de sector, geografía y estructura de propiedad, pero unidas -aunque con diferentes intensidades y métodos- por valores, cultura corporativa, visión a largo plazo y tradiciones industriales que se entrelazan en torno a una clara matriz familiar.
No es un detalle. De hecho, en la mitad de los diez primeros, el factor familiar sigue siendo un componente muy visible, aunque adopte formas diferentes. Los casos más lineales son los de LEGO y Barilla: el primero con la propiedad todavía en manos de la familia fundadora Kirk Kristiansen, el segundo con los hermanos Barilla, expresión de la cuarta generación, al frente del grupo. Samsung encarna el modelo del capitalismo familiar coreano, mientras que Ferrari tiene hoy una forma más híbrida, aunque conserva en su gobierno un rastro evidente de continuidad familiar en la figura de Piero Ferrari. Por último, Levi Strauss conserva una huella familiar todavía reconocible, que se refleja tanto en el gobierno como en la estructura accionarial vinculada a la familia Haas.
Sería inapropiado afirmar que la familia “produce” reputación. El carácter familiar no genera, por sí solo, confianza. Muchas de las empresas que encabezan los rankings parecen compartir no sólo marcas sólidas o productos de calidad, sino también una continuidad cultural y valores que ayudan a preservar su identidad y guiar su trayectoria a largo plazo.
Es en este nivel donde la reflexión adquiere profundidad. En las empresas familiares, la reputación no es sólo un recurso competitivo o un indicador de mercado: a menudo es también una proyección de la propia familia, de su nombre, de su historia, de su patrimonio. Precisamente por esta razón tiende a verse menos como una variable que debe maximizarse que como un activo que debe salvaguardarse en el tiempo. Y aquí, la continuidad de la propiedad puede marcar la diferencia. Esto no se debe a que el carácter familiar genere automáticamente confianza, sino a que puede posicionar el negocio más allá de un horizonte temporal más largo, en el que la protección de la marca, la atención a la calidad y la coherencia entre valores y comportamientos importan más que los retornos inmediatos. Se trata de una lógica que recuerda uno de los temas centrales de nuestros estudios sobre las empresas familiares: la reputación no como una simple palanca competitiva, sino como un patrimonio a preservar y transmitir y como una dimensión clave del patrimonio socioemocional de una familia emprendedora que distingue su dimensión semántica y emocional. Por supuesto, también existe la otra cara de la moneda. La familia puede ser un factor de estabilidad, pero no siempre es así. Esto puede fortalecer la identidad de la empresa y solidificar su credibilidad, pero también puede ralentizarla y hacerla menos preparada para el cambio. Por eso no se trata de la propiedad en sí, sino de cómo se interpreta y gobierna.