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Lamentablemente, esta imagen nos la sabemos de memoria. Una multitud vestida de blanco, con una flor en la mano, avanzaba al paso en un silencio plomizo detrás del estandarte del rostro de un niño congelado para siempre. Caminamos por Estelle, lloramos por Marion, Maëlys… Este domingo, en Fleurance, en Gers, se reorganizó la procesión de luto por Lyhanna, de 11 años, encontrada muerta el jueves en una fábrica agrícola. Su presunto asesino era sospechoso de abuso sexual de menores, pero nunca había sido interrogado por los investigadores.

Otro engranaje vacío. Eso es demasiado. Esta vez, durante el emotivo interludio, el silencio resonó en las calles de este pueblo de 6.000 habitantes. Detrás de las lágrimas, es la observación de las fallas de nuestro sistema lo que alimenta la rebelión.

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