A primera vista, nada conectaba la fábrica francesa de gorras, creada con dos máquinas de tejer en 2013, en Bearn, con el estudio francés independiente Sandfall Interactive, especializado en el desarrollo de videojuegos.
«Aquí, salvo dos ordenadores para recibir pedidos, ¡todo se hace a mano!» Se ríe Thibaut Lamy, director de producción del taller, que se trasladó a Bayona (Pirineos Atlánticos) en 2018 para acoger a ocho tejedores y satisfacer la demanda.
La pequeña empresa, llamada “Living Heritage Company”, no fue sin embargo el primer intento en términos de visibilidad: socio oficial de la Federación Francesa de Rugby, de la Copa del Mundo de Rugby y de los Juegos Olímpicos de 2024, sus gorras ya habían comenzado a dar la vuelta al mundo y a explotar sus carteras de pedidos.
“El accesorio imprescindible para los gamers”
Pero desde abril el fabricante ha dado un nuevo paso, convirtiéndose en el creador oficial de la famosa gorra roja inspirada en el disfraz “baguette” disponible en el juego “Clair Obscur: Expedition 33”. Este juego de rol ha vendido más de 5 millones de copias desde su lanzamiento en abril de 2025. “Ganó 9 premios en los Games Awards, incluido el de Juego del año 2025”, describe el estudio Sandfall Interactive.
Un año después del lanzamiento del juego de éxito mundial, la boina francesa se ha convertido oficialmente en “el accesorio imprescindible para los jugadores, perfecto para el cosplay”, hasta el punto de provocar el pánico en los mostradores. “¡Durante varios días recibimos un pedido por minuto!”, sonríe Nathalie De Mauduit.
El director constató, durante los conciertos con música de videojuegos en directo, “cuánto atraían las gorras rojas a los jóvenes de entre 25 y 35 años de todo el mundo”. “Hawái, Liechtenstein, Arabia Saudí, Japón, Corea… Nunca he enviado gorras hasta aquí”, confirma Claire, encargada de preparar los pedidos. En total se vendieron 10.000 gorras rojas con el “33” bordado.
Los frikis vienen a visitar el laboratorio.
En Bayona, para satisfacer la demanda, un noveno calcetero se ha unido al polivalente equipo. Los controles de calidad, la mirada atenta, los alicates en mano, la conformación del gorro sobre un círculo de madera – “un trabajo muy físico porque hay que estirar la tela, caliente, recién afieltrada” subraya Thibaut Lamy -, la costura de la etiqueta o la fase de afeitado, tan delicada como imprescindible, se alternan. “Cuanto mejor afeitado esté, más durará la gorra”, comenta el director de producción de la fábrica, una de las tres únicas en Francia que perpetúa este saber hacer.
Recientemente, incluso los “geeks con camisetas de Pikachu” vinieron a visitar el pequeño taller, para deleite de Véronique Petit, fabricante de calcetería. «Nuestros gorros interesan a los más pequeños, gracias a un videojuego, ¡estamos orgullosos de ser parte de esta aventura!» afirma Nathalie De Mauduit: «El juego y la artesanía tienen, en definitiva, valores comunes: cada uno de nosotros defiende el saber hacer francés, ¡nos llevamos bien! »