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En el debate alemán suele subestimarse la dimensión europea de la política de asilo. Los controles fronterizos actualmente implementados por el gobierno federal no pueden controlar completamente la migración irregular. Las regulaciones en la UE son cruciales porque proporcionan el marco legal e influyen en lo que sucede en las fronteras externas del continente.

La reforma del Sistema Europeo Común de Asilo, que entra en vigor este viernes, puede permitir avances, pero no es una panacea. Su elemento más importante son los procedimientos de asilo previstos en las fronteras exteriores. Deberían estar dirigidos a candidatos que tengan pocas posibilidades de éxito o que representen un riesgo. Fácilmente podrían ser decenas de miles, lo que no sólo ayudaría a los alemanes comunes y corrientes.

Pero, sobre el papel, el antiguo sistema de Dublín no debería haber llevado a que Alemania se convirtiera en el principal país de destino de los solicitantes de asilo. El nuevo sistema parte de dos viejas incertidumbres: ¿será posible expulsar a los solicitantes rechazados a su país de origen o a un tercer país, como debería ser ahora más fácil? El hecho de que Europa cambie sus reglas no significa automáticamente que otros países sean más tolerantes. La diplomacia y la voluntad de ejercer presión seguirán siendo cruciales en este caso.

Depende de los estados miembros.

La otra cuestión es si los Estados en las fronteras exteriores cumplen con sus obligaciones. Especialmente si las deportaciones no funcionan, el incentivo para permitir que los inmigrantes regresen al norte persistirá en países como Italia o Grecia. Como todo en la UE, el éxito de esta reforma depende en última instancia de la voluntad política de los estados miembros.

Y hay otro aspecto sobre el que no debemos engañarnos: esta reforma no conducirá a un bloqueo total de la inmigración a través del derecho de asilo, como imaginan las fuerzas radicales en Europa; Algo así sería difícil de lograr en la UE actual. El nuevo sistema es más restrictivo que antes, pero es un compromiso entre partidos y gobiernos con ideas aún diferentes sobre cómo abordar la migración irregular.

Su mayor impacto puede ser el de actuar como disuasivo. Si la probabilidad de llegar al país de destino deseado en Europa también disminuye y la perspectiva de deportación aumenta, es posible que muchos ni siquiera emprendan el peligroso y costoso viaje.

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