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Roma, 20 de noviembre (Adnkronos) – La reforma de la ciudadanía aprobada el pasado mes de mayo tras un inexplicable procedimiento de urgencia está provocando una auténtica tormenta. Italia rechaza a las personas de origen y sangre italiana, en un contexto demográfico que anticipa un futuro donde los italianos sólo aparecen en los libros de historia. Limita significativamente el reconocimiento de la ciudadanía en el extranjero, produciendo una discriminación inaceptable incluso dentro de la misma familia, donde dos hermanos, nacidos de los mismos padres, no pueden ser reconocidos como italianos. Además, impide a quienes tienen otra nacionalidad poder solicitar también la ciudadanía italiana, en definitiva, un freno a la doble nacionalidad, que es una innovación verdaderamente insostenible introducida en nuestro sistema”. Así lo subrayó el presidente de la ciudad y ex subsecretario de Asuntos Exteriores, Ricardo Merlo, al presentar a la Cámara, con el diputado Franco Tirelli y el senador Mario Alejandro Borghese, la propuesta de modificación del Decreto-Ley 36 del 28 de marzo de 2025 convertido en ley. 74 de 23 de mayo de 2025.

“Además, hay otro problema importante – añadieron los tres miembros del MAIE – quienes diseñaron la reforma no tuvieron en cuenta que Italia es uno de los países del mundo que se enfrenta a una crisis demográfica muy preocupante. Según estimaciones fiables, en 2080 los italianos que vivirán en su país serán sólo 45 millones y progresivamente, en 300 años, alcanzarán los 20 millones. Son cifras dramáticas, en Italia probablemente tendremos una sociedad multiétnica con pocos italianos, de ahí nuestra determinación – -explicaron- para presentar un proyecto de ley al Parlamento, primer firmante Franco Tirelli en la Cámara y Mario Alejandro Borghese en el Senado.

“Prevé, en cumplimiento del principio de jus sanguinis y en el marco de los valores constitucionales de igualdad, irretroactividad y cohesión nacional, restablecer el derecho a adquirir la ciudadanía italiana por descendencia, garantizando al mismo tiempo un vínculo lingüístico y cultural efectivo con nuestro país. Se incluyen los bisnietos y descendientes de ciudadanos italianos, siempre que demuestren un conocimiento adecuado de la lengua italiana (nivel B1 del Marco Común Europeo). No ocultamos – concluyeron – que una remota reforma de la ciudadanía 33 años después, la ley de 1992 era necesaria, pero la que se aprobó es devastadora y es absolutamente necesario revisarla.

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