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Liberó a una nación entera. Rubén Vargas, al convertir su disparo a puerta el martes 7 de julio contra Colombia, clasificó a Suiza para los primeros cuartos de final de un Mundial desde 1954. Un escenario fantástico para un jugador del que se esperaba que estuviera incierto para el partido y cuyo camino hacia el fútbol de primer nivel estuvo lleno de obstáculos.

Una juventud entre el béisbol, el golf y el fútbol

Autor de un doblete y una asistencia, Rubén Vargas viste a Nati desde el inicio del Mundial. Sin embargo, el fútbol no siempre fue su deporte favorito. Nacido de madre suiza y padre dominicano, el joven de 23 años descubrió por primera vez el béisbol, el deporte nacional en la República Dominicana. “Desde los tres años, Rubén siempre tuvo un bate de béisbol en la mano, por lo que aprendió a correr rápido, a tener buen sentido del tiempo y a coordinar sus movimientos”, recordó su madre al medio suizo Blick.

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Habiendo evolucionado en el entorno deportivo desde que su madre participó en los campeonatos de Europa de trampolín y su padre es profesor de golf, el extremo del Sevilla FC se ha probado en diferentes disciplinas. Tenis, golf, fútbol… “Sabía que en algún momento tendría que elegir lo que quería hacer”, dijo el extremo al medio suizo Blue Sport.

Luego se decantó por el fútbol, ​​porque era “el deporte más divertido”. Pero el fútbol no siempre lo eligió. El nativo de Adligenswil, delgado en su juventud, tuvo dificultades para establecerse. “Los otros niños eran todos más altos y más fuertes que yo, así que no jugaba mucho”, recuerda el que entrenó en el FC Lucerna para la FIFA.

Experiencia como pintor de construcción.

El jugador de rotación del Sevilla FC, Rubén Vargas, no siempre se ha vivido del fútbol. Paralelamente a su formación en el FC Lucerna, el suizo hizo un aprendizaje como pintor de edificios entre los 16 y los 18 años. “Es una experiencia que ha marcado mi vida, porque descubrí un ritmo completamente diferente: levantarme muy temprano, luego trabajar de pie de 8 a 16 o 17 horas. Fue a partir de ahí que decidí darlo todo al fútbol. Haber conocido estas dos vidas me permite darme cuenta de lo afortunado que soy hoy”, admitió en una entrevista con la FIFA.

Si no hubiera tenido éxito como futbolista, Rubén Vargas incluso asegura que le hubiera “encantado” seguir pintando. “En verano fue especialmente agradable porque trabajábamos mucho al aire libre, pero era muy agotador”, desliza. “Una vez terminada la jornada laboral, iba a entrenar. Cuando llegaba a casa, cenaba rápido antes de desplomarme del cansancio. Y al día siguiente empezaba de nuevo… Lo recuerdo como si fuera ayer”.

Un arrepentido de las penas

Convocado por Nati desde 2019, Rubén Vargas no siempre ha brillado en los penales. En la Eurocopa 2020, en cuartos de final contra España, fue él quien falló el último disparo a portería de Suiza, antes de desplomarse en el terreno de juego (1-1 ap, 3 a 1).

Seis años después, la historia ha cambiado. “Me sentí más seguro hoy que en todos los penales que he lanzado”, dijo el exjugador de Augsburgo, Alemania, después del partido. A sus 23 años, Rubén Vargas ha marcado 13 goles en 66 partidos con su selección.

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