“La guerra no es buena para nadie. En Milán se hacen cosas buenas”: palabras de Dollarino, nacido Emanuele Gregorini, miembro del clan Camorra des Senese, afincado en Roma. En otras palabras, los altercados se superan en nombre del beneficio. Así nació en Lombardía la alianza entre las mafias -Camorra, Cosa Nostra, ‘Ndrangheta- que dominaron durante años. 1.840 páginas, describe “la génesis y estructura de la asociación”.
Durante el juicio abreviado, que abarcó una primera parte del procedimiento, fueron juzgados 80 acusados, con 92 cargos. Los 62 condenados, también por asociación mafiosa, fueron condenados a un total de más de cinco siglos de prisión (en la foto, las fiscales de la DDA, Alessandra Cerreti y Rosario Ferracane). “El crecimiento y la consolidación de la organización mafiosa”, escribe el juez, que asoció a las tres organizaciones criminales en una “formación autónoma” con el objetivo de “maximizar los beneficios”, no se basó “exclusivamente en la disponibilidad de recursos (…) sino sobre todo en la capacidad de construir y mantener un vasto capital relacional capaz de influir en el funcionamiento de las instituciones y de alterar el curso regular de las actividades administrativas y económicas”. El sistema mafioso tenía a veces tal poder que podía interferir “en las elecciones de los administradores locales y, a veces, en la votación de las elecciones en determinados municipios lombardos, demostrando un profundo arraigo en el territorio”. Fuerte también en “relaciones de colusión y colaboración con los sectores empresariales”, con “pertenencia a la administración pública, así como con operadores de sectores estratégicos, en particular las fuerzas policiales, los responsables de la administración financiera y el personal sanitario”. Hay numerosas frases – interceptadas – en las que los acusados hablan de la asociación: “Podemos hablar como queramos, porque tenemos la asociación”. Y de nuevo: “¿Estás cerca de nosotros? ¿Estamos cerca de ti? Somos la hermandad”. La estructura estaba organizada como un auténtico spa, con reuniones programadas “con antelación” y “periódicamente” para definir la actividad operativa, “evaluando qué empresas utilizar, cuáles y cuánto capital invertir, cómo distribuir las participaciones o cómo distribuir los beneficios”. El juez habla de “sistema mafioso lombardo”, explica que el grupo desarrolla sus actividades “compartiendo oficinas, propiedades, empresas, fondos comunes, asuntos económicos legales e ilícitos, contactos en el mundo de la política local y nacional”.
Y “la convergencia de intereses entre los miembros y la aportación, por parte de algunos, de su propia herencia mafiosa no constituyen datos alternativos, sino elementos que se integran mutuamente y dan lugar a esta forma de asociación, capaz de sumar la fuerza resultante de las mafias tradicionales a la producida por una estructura flexible y transversal”.