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Deseche sus manuales de recursos humanos. Aquellos que explicaban la carrera como una escala lineal (junior, intermedia, senior, gerente) seguramente hoy sirven más o menos como una hoja de ruta de 1997 para navegar por Milán. La inteligencia artificial está reescribiendo el mercado laboral. Pero no como nos dijeron. Esta no es sólo la historia habitual de la desaparición de puestos de trabajo. Es más radical. La geometría del poder dentro de las empresas está cambiando.

Preguntas detalladas generadas por 24Ore AI

PwC, en su “Barómetro Global de Empleos en IA 2026”, analizó más de mil millones de ofertas laborales en seis continentes. El veredicto es claro: la IA no sólo elimina tareas. Eliminar pasos. Los economistas de PwC han acuñado una palabra técnica, casi sociológica, un neologismo gerencial: “seniorización”, que no tiene otra traducción inmediata al italiano que la seniorización, que no es otra cosa que la maduración forzada de habilidades. Traducido: el trabajo juvenil está muriendo.

¿Qué hace el pasante?

Hasta ayer entraste a la empresa y aprendiste. Hiciste un trabajo repetitivo, observaste, cometiste errores, creciste. Era un gimnasio. Hoy, este gimnasio está ocupado por un algoritmo. ¿Sobresalir? ¿Las presentaciones de IA hacen esto? La IA lo hace. ¿Reportes? La IA los escribe. ¿Código? La IA lo genera. En unos segundos. Sin pausa para el café.

Y entonces sucede algo paradójico: al recién graduado ya no se le pide que actúe en el escenario. Se le pide que decida. Estrategia. Resolución de problemas. Juicio crítico. Gestión de proyectos. Capacidad para tomar decisiones rápidas en contextos complejos. Competencias que antes se adquirían tras cinco o diez años de trabajo. El joven desaparece. O mejor dicho: el junior debe pensar como un senior desde el primer día.

La nueva guerra de clases en la oficina

Aquí se abre una grieta. Y no es tecnológico. Es social. La seniorización corre el riesgo de transformarse en una “guerra de clases en los niveles superiores de gestión”. Porque la IA no democratiza el poder. Esto lo comprime. Por un lado, están los altos directivos tradicionales, formados en jerarquías verticales, donde la experiencia es sinónimo de antigüedad. Por otro lado, están llegando jóvenes profesionales que, gracias a la IA, pueden producir como un equipo completo y pensar como minidirectivos mucho antes de lo esperado. La experiencia acumulada durante décadas corre el riesgo de perder valor en cuestión de meses. No porque no sea útil. Sino porque su precio de mercado cambia. El poder ya no pertenece a quien sabe hacerlo. Pertenecerá a quienes sepan orquestar hombres, máquinas y algoritmos.

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