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La habían despedido, tuvieron que volver a contratarla y finalmente, para mantenerla ocupada, le habían encomendado una tarea casi humillante: le habían encomendado la tarea de recuperar carritos de compras abandonados por gente incivilizada en las calles.

En ese momento, la policía decidió que ya estaba harta: primero demandó al municipio de Rozzano por degradación de categoría y, después de ganar parcialmente, denunció a los dos comandantes de la policía local que se habían turnado en ese cargo, desencadenando y continuando la persecución de la que la mujer se considera víctima. Un trato que es el punto final de una relación cuanto menos tormentosa: desde el día de su contratación, en Rozzano, la mujer habría sido objeto de veintitrés procedimientos disciplinarios, el primero de ellos por no haber revelado, en el momento de la solicitud, que era objeto de un proceso penal en Toscana por haber pirateado los ordenadores de algunos compañeros de la policía local de Piombino, donde trabajaba anteriormente.

Pero en los últimos días, la fiscalía de Milán ha aprobado al menos parcialmente la acusación del agente: los dos dirigentes, Samanta Zacconi y Alessandro Bottari, fueron informados por el fiscal milanés Mauro Clerici de la conclusión de las investigaciones preliminares, último paso antes de la solicitud de acusación por malos tratos. En la acusación contra los dos comandantes no se rastrea completamente el origen de los malentendidos con la subordinada, pero el resultado final se resume de la siguiente manera: supuestamente “la maltrataron a través de arreglos organizativos internos, causándole graves sufrimientos psicofísicos debido a la degradación y el aislamiento de otros colegas”. Entre las labores sancionadoras se indican, incluso antes de la búsqueda del tranvía, “verificar el cumplimiento de las normas anti-Covid” y “el servicio en la biblioteca municipal”, “dejándola efectivamente inactiva durante toda la duración del servicio”. Finalmente le quitaron la pistola reglamentaria y la trasladaron a la oficina de tráfico con la tarea de devolver los carritos de compras abandonados a los supermercados. Trato ilícito, según la fiscalía. Además del delito de maltrato agravado, el ex comandante Izzo también es acusado de falsificación, por el testimonio presentado ante el juez de la Sección del Trabajo en la demanda que interpuso la policía contra el Municipio. Según el testimonio de Izzo, en la policía local de Rozzano “hay dos tareas que se realizan sin salir a la vía pública: el centro de operaciones y los agentes de recuperación de multas”. Según la fiscalía, esta afirmación es falsa, porque en el mando de la policía local de Rozzano existen varias oficinas de servicios internos, entre ellas la secretaría del mando, la policía judicial y las relaciones públicas, a las que podría haber sido asignado.

Según el abogado Michele Cinquepalmi, que asiste a los dos comandantes acusados, las acusaciones provienen de

procedimiento ante el Consejo del Trabajo en el que los dos hombres no participaron y en el que, por tanto, no pudieron dar sus explicaciones. “Lo que van a exponer ahora, con la certeza de que podrán demostrar el carácter infundado de los presuntos delitos”.

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