original_273177.jpg

No es ningún secreto que la fertilidad femenina cambia gradualmente con el tiempo. A partir de mediados de los 30, las posibilidades de concebir generalmente comienzan a disminuir, nos recuerda New Scientist. Sin embargo, en muchos países los embarazos se producen cada vez más tarde, a medida que las trayectorias profesionales, las limitaciones económicas y las elecciones personales retrasan la edad de la maternidad. Hoy en Francia, según un estudio de Public Health France, más de una cuarta parte de las madres tienen 35 años o más.

Los investigadores llevan varios años interesados ​​en los mecanismos que explican la disminución de la fertilidad femenina con la edad. Entre las causas estudiadas se encuentra el envejecimiento de los propios ovarios: a medida que pasa el tiempo, sus tejidos se vuelven progresivamente más rígidos, lo que podría interrumpir el desarrollo de los ovocitos y contribuir a la disminución de su calidad. Entonces, Shixuan Wang, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong en Wuhan, China, y sus colegas se preguntaron si la ventana fértil podría extenderse haciendo los ovarios menos rígidos.

Para comprender los mecanismos subyacentes a este fenómeno, el equipo de científicos midió los niveles de proteína en los ovarios de mujeres de 18 a 28, 35 a 42 y 47 a 52 años. Descubrieron que la proteína llamada interleucina-11 aumenta gradualmente con la edad y activa las células del tejido conectivo llamadas fibroblastos, que producen colágeno (un factor que contribuye a la rigidez ovárica). Por lo tanto, teníamos que encontrar una manera de hacer que los ovarios ya no respondieran a esta proteína.

Una droga prometedora

Los investigadores han creado un fármaco experimental capaz de bloquear la producción de interleucina-11 desactivando el gen responsable de ella. Para probar su potencial, inyectaron el producto en las colas de ratones de 36 semanas (30-40 años en edad humana), dos veces por semana durante cuatro semanas. Los resultados observados en roedores fueron particularmente sorprendentes.

En las hembras tratadas, la rigidez ovárica disminuyó un 36% en comparación con los animales no tratados. Este cambio fue acompañado por un fuerte aumento de la fertilidad: su tasa de concepción se duplicó, del 25% al ​​50%, mientras que el tamaño medio de la camada aumentó de tres a cinco crías.

En ratas mayores el efecto parece haber sido aún más pronunciado. Su tasa de concepción también ha aumentado del 20% al 50% y el número promedio de cachorros por camada se ha quintuplicado, de solo un cachorro a cinco. Para Francesca Duncan, investigadora de la Universidad Northwestern de Illinois, estos hallazgos abren una vía interesante para la fertilidad humana. Ella dice que el enfoque podría producir efectos comparables en mujeres premenopáusicas.

Más allá de la cuestión de la fertilidad, este enfoque podría tener consecuencias más amplias para la salud de las mujeres. Para Barbara Vanderhyden, investigadora de la Universidad de Ottawa en Canadá, preservar la función ovárica por más tiempo podría ayudar a retrasar algunos efectos asociados a la menopausia.

Estos incluyen un mayor riesgo de osteoporosis o enfermedades cardiovasculares. “Por tanto, prolongar la actividad de los ovarios no sólo afectaría a la capacidad de tener hijos, sino que también podría desempeñar un papel en el envejecimiento saludable de las mujeres”ella cree.



Referencia

About The Author