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Un cuarto de siglo después de su creación, la moneda única nunca ha sido más popular. Según la encuesta Eurobarómetro que realiza cada seis meses la Comisión Europea, en los veinte países que forman la zona del euro, el 83% de los ciudadanos está a favor, mientras que el 14% está en contra. En 2002, cuando se introdujo físicamente el euro, el apoyo rondaba el 65%, mientras que el 25% estaba en contra. Esta opinión ampliamente favorable, que se debilitó durante la crisis de la eurozona, ha seguido creciendo desde 2016.

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Una entrada de blog del Banco Central Europeo (BCE), publicada el lunes 10 de noviembre, examina esta evolución. Esto demuestra que casi todos los países han experimentado esta progresión pro-euro. En España, Portugal y Chipre se registran saltos especialmente espectaculares (más de 20 puntos de aumento). Sus poblaciones, muy afectadas por la crisis de la década de 2010, parecen haber decidido que la pertenencia a la moneda única era, en última instancia, una fuente de fortaleza estructural.

“Los estudios indican que las actitudes hacia el euro parecen reflejar cada vez más sus beneficios prácticos más que su significado simbólico”señalan los autores. Citan la crisis de la eurozona, la pandemia de Covid-19 y la guerra en Ucrania como tres momentos en los que la fortaleza de la moneda única quedó clara para los ciudadanos.

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