Tres días después de las conmemoraciones del décimo aniversario de los atentados del 13 de noviembre que causaron 132 muertos y centenares de heridos, volvemos a hablar de Salah Abdeslam, detenido en la prisión de Vendin-Le-Vieil (Paso de Calais). El lunes 10 de noviembre, la Fiscalía Nacional Antiterrorista (PNAT) anunció, en un comunicado de prensa, que había solicitado su procesamiento en el marco de una investigación judicial abierta por “recepción de un objeto ilícito”, en este caso una memoria USB que contenía propaganda yihadista, así como la de su expareja, Maëva B. 27 años.
Además, el PNAT ha decidido abrir otra investigación judicial, por “asociación delictiva terrorista” dirigida a hechos mucho más graves: un atentado planificado. Este segundo procedimiento no afecta a Salah Abdeslam, sino únicamente a Maëva B. y a dos personas de su entorno. Este proyecto terrorista, cuyos contornos aún son vagos, no tendría, en la fase actual de la investigación, ninguna conexión con la conmemoración de los atentados del 13 de noviembre. Dos casos, por tanto, a priori independientes entre sí, que cierran una sucesión de casos de detención policial que ha durado seis días.
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