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En Francia, con una esperanza de vida media de 11,3 años tanto para perros como para gatos, la geriatría animal se ha vuelto imprescindible. El conocimiento está progresando rápidamente para apoyar mejor a los animales que envejecen. Ahora sabemos que unas cuantas medidas sencillas mejoran significativamente la comodidad y la calidad de vida de un perro o gato anciano. Lo importante para los propietarios es no permanecer pasivos observando el envejecimiento de sus compañeros de cuatro patas.

¿A qué edad se puede considerar anciano a mi perro o gato?

Un estudio británico-estadounidense de 2023, en el que participaron más de dos millones de gatos y más de cuatro millones de perros, permitió definir mejor sus diferentes etapas de vida. En los gatos, entramos en la “tercera edad” alrededor de los 10 años. La “tercera edad” incluye las etapas madura, senior y “supersenior”.

Según la misma investigación, en el caso de los perros la situación es menos uniforme: la velocidad del envejecimiento depende en gran medida del tamaño.

  • Perros pequeños (juguete Y pequeñorazas cuyo peso es inferior a 9 kilos, como Chihuaha o King Charles Cavaliers) entran en la “tercera edad” alrededor de los 7 años, y luego alcanzan la tercera edad alrededor de los 12 años.
  • Los perros de tamaño medio-grande, que pesan más de 9 kilos, como los corgis galeses, los golden retriever o los pastores australianos, acceden a él antes: alrededor de los 6 años para el inicio de la “tercera edad”, luego 10 años para la fase senior.

Es importante tranquilizarse: entrar en esta nueva fase no significa en absoluto que se acerque “el fin”. Sobre todo, esto indica que es hora de estar más atento a tu compañero y adaptar poco a poco tu seguimiento, entorno y cuidados para ayudarle a envejecer en las mejores condiciones.

¿Qué es el envejecimiento saludable? ¿Cómo evaluarlo en tu animal?

Antes de hablar de “envejecimiento saludable”, conviene recordar qué es el envejecimiento: un proceso natural, progresivo e inevitable. Con el tiempo, los animales toleran menos el estrés ambiental y sus células acumulan daños, lo que provoca diversos cambios fisiológicos.

Entonces, ¿qué queremos decir con un perro o gato que envejece “saludable”? Un reciente artículo de consenso científico en el que participé ofrece una definición adaptada a nuestras mascotas: un animal senior sano es aquel que conserva suficiente capacidad y resistencia para satisfacer sus necesidades físicas, conductuales, sociales y emocionales, manteniendo al mismo tiempo una relación estable y positiva con su humano. Algunos signos son completamente normales: canas, sarro claro, piel más fina, percepción sensorial ligeramente reducida, pero sin ningún impacto perceptible en la calidad de vida.

Al igual que en los seres humanos, la fragilidad identificada tempranamente a veces puede reducirse, de ahí la importancia de realizar exámenes periódicos y apoyo temprano para ayudar mejor a nuestros compañeros mayores.

Por otro lado, las dificultades locomotrices que dificultan el acceso a los recursos (dificultad para levantarse, subir escaleras o interactuar fácilmente con uno mismo) no deben considerarse como simples manifestaciones de la edad. Lo mismo ocurre con los primeros signos de disfunción cognitiva (un síndrome que tiene algunas similitudes con el Alzheimer), como cuando un perro o un gato tiene problemas para encontrar su plato o parece perdido en la casa. Estos casos requieren asesoramiento veterinario.

¿Cómo evaluar la fragilidad de tu mascota?

Por tanto, la calidad de vida se convierte en el criterio central para evaluar si un animal sigue un camino de envejecimiento armonioso. En perros y gatos utilizamos actualmente el concepto de fragilidad, derivado de la geriatría humana (ver tabla a continuación).

Sara Hoummady / La conversación

Sara Hoummady / La conversación

Los animales clasificados como frágiles tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades y necesitan ser vigilados más de cerca. La principal ventaja de este enfoque es que, al igual que en los seres humanos, en ocasiones se puede reducir la fragilidad identificada tempranamente. De ahí la importancia de realizar exámenes periódicos y apoyo temprano para apoyar mejor a nuestros compañeros mayores.

Algunas precauciones a implementar

El primer paso es hacer más accesible el entorno del animal, para que pueda acceder fácilmente a todos sus recursos: comida, agua, lugares de descanso, escondites, zonas de interacción, etc. Medidas simples ya pueden marcar una diferencia real: pequeñas escaleras para subir al sofá, sillas o cojines rígidos y bajos, comederos elevados para perros y gatos que padecen osteoartritis.

También son útiles múltiples puntos de acceso: dos o tres áreas de alimentación, múltiples lugares para dormir y múltiples cajas de arena por las que sea fácil trepar. Algunas cajas de arena disponibles comercialmente son demasiado altas para los gatos artríticos; una bandeja ancha con un borde bajo puede resultar mucho más cómoda.

Mantener una relación tranquila y positiva parece esencial. Un comportamiento considerado “no deseado” siempre debe ser investigado con un veterinario y un conductista (o un veterinario conductista): de hecho, puede reflejar una necesidad, un inconveniente o una dificultad. Por ejemplo, un gato que rasca la alfombra en lugar del rascador puede simplemente estar buscando una posición menos dolorosa. Algunos animales también se vuelven más ansiosos o reactivos con la edad o ciertas condiciones médicas. Por tanto, es importante comprender la causa en lugar de castigar, con el riesgo de dañar la relación y no resolver el problema.

La estimulación cognitiva y física debe continuar, pero adaptándose a las capacidades del animal. EL “Alimentadores de rompecabezas” (o cuencos interactivos, cuencos donde los animales tienen que jugar para conseguir la ración) siguen siendo interesantes, siempre que se elijan en función de su estado: una estera de excavación, un cuenco interactivo para empujar con la nariz será preferible a un sistema que requiera movimientos complejos de las piernas. Los juegos, el aprendizaje y las pequeñas sesiones de entrenamiento siguen siendo útiles; A veces basta con acortar las sesiones y utilizar premios muy sabrosos (pequeños trozos de pechuga de pollo o salchichas, etc.).

Los paseos se pueden adaptar, en particular, utilizando bolsas cómodas y seguras para transportar al perro cuando esté demasiado cansado, ya sea durante parte o durante todo el paseo, lo importante es seguir garantizando que el animal tenga acceso al aire libre.

El reto no es sólo alargar la vida de nuestras mascotas, sino sobre todo prolongar su vida con buena salud, preservando su calidad de vida el mayor tiempo posible.

Finalmente, la dieta juega un papel importante en el apoyo a las mascotas mayores. El envejecimiento conlleva cambios en la digestión y una pérdida progresiva de masa muscular. Por tanto, es aconsejable favorecer una dieta de fácil digestión, cuyo olor y sabor atraigan al animal, y formulada específicamente para las necesidades de las personas mayores. Deben evitarse las raciones de carne cruda: a menudo están desequilibradas en minerales, lo que puede ser perjudicial para los animales más viejos, especialmente sensibles al exceso de fósforo o a unas proporciones insuficientes de calcio/fósforo. También presentan un mayor riesgo para la salud, mientras que el sistema inmunológico de los animales más viejos es menos eficiente.

Por otro lado, la combinación de nutrición seca (croquetas) y húmeda (terrina, mousse, etc.) suele resultar ventajosa. Incluso una ración cocida y casera (siguiendo el consejo de un veterinario) puede ayudar al animal a recuperar el apetito. Y para los paladares más exigentes, un simple consejo puede ser suficiente: calentar ligeramente la comida húmeda para potenciar su olor y hacerla más apetecible.

¿Cuándo llamar al veterinario?

Las revisiones en el veterinario siguen siendo imprescindibles, en particular para mantener actualizado el protocolo de vacunación y desparasitación. Con la edad, el sistema inmunológico se vuelve menos eficaz: un animal mayor es, por tanto, más vulnerable y necesita protección regular contra enfermedades infecciosas y parásitos.

La finalidad de las consultas geriátricas es seguir la evolución específica del envejecimiento de cada individuo. El primero suele ser el más largo: permite un debate en profundidad e incluye pruebas adicionales cuando es necesario. Estos primeros elementos servirán de referencia para visitas posteriores. Lo ideal es iniciar este seguimiento desde el inicio de la “tercera edad”. Por tanto, la frecuencia de las consultas depende de la evolución del animal: cada seis meses si aparecen signos de fragilidad, o una vez al año si sus condiciones se mantienen estables.

El desafío ya no es sólo prolongar la vida de nuestros compañeros, sino sobre todo prolongar su vida con buena salud, preservando su calidad de vida el mayor tiempo posible, un enfoque similar al adoptado para los humanos.

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Sara Hoummady es doctora en medicina veterinaria y profesora-investigadora en etología y nutrición animal en el Instituto Politécnico UniLaSalle de Rouen (Sena Marítimo).

Este artículo se vuelve a publicar desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.

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