Dn un contexto de reflexión presupuestaria, inseparable de las observaciones sobre las desigualdades, surge la cuestión de la injusticia frente a la herencia. Hay debates en curso desde todos los lados políticos, que se centran casi obstinadamente en exigir la radiodifusión. Sin embargo, es lamentable limitar el debate sobre la herencia al dinero, estigmatizándolo al mismo tiempo. Más allá de los impuestos, la herencia plantea la cuestión del estado actual de igualdad al nacer, pero también de cómo se articulan psicológicamente el duelo y la herencia material.
El apego al principio republicano de igualdad nos lleva a pensar que un cambio en la tributación de los herederos constituiría en sí mismo un saludable paso adelante hacia una mayor justicia frente a la herencia familiar. Sin embargo, esta proyección plantea simultáneamente preguntas sobre otras desigualdades de natalidad profundas y considerables, generando efectivamente injusticias heredadas que nadie parece mencionar.
¿Cómo es posible pensar en el legado en un viaje hacia una mayor igualdad sin evocar la herencia emocional o sociocultural de la que cada uno de nosotros está imbuido mucho antes de la muerte de nuestros padres y que ya trae consigo una abrumadora parte de desigualdades? Por supuesto, no se trata de una cuestión de presupuesto sino de paternidad y sociología, parámetros más difíciles de controlar, menos sujetos a la capacidad de acción de un ministerio, a pesar de la existencia de organismos encargados de evaluar las desigualdades en Francia. Una cosa es segura: estas injusticias familiares, que generan efectos tanto sutiles como violentos a lo largo de la vida, son discutidas y analizadas periódicamente con psicoterapeutas.
Heredamos de nuestros padres un cariño incondicional o la ausencia de amor, conocimiento o ignorancia, un apellido famoso en una capital o un nombre que suena extranjero en un pueblo del campo. Si una nueva reflexión sobre el patrimonio comienza a encaminarse hacia una mayor justicia, no dejemos fuera del debate, con el pretexto de que entran en el ámbito de lo íntimo y de la psique, la desigualdad generada por las carencias emocionales y la persistente realidad de la autocensura ligada a los orígenes sociogeográficos.
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