I4AIWS6P2NFILCW5JVTDSN6AT4.jpg

Los transeúntes se detienen, sorprendidos, ante la fachada de Goa. Cortinas cerradas, habitación vacía… Desde hace cuarenta años, esta institución deleita los paladares de Clermont-Ferrand (Puy-de-Dôme). El 30 de octubre, el restaurante indio más famoso de la capital de Auvernia sirvió su último tandoori. Intervenciones a media asta, cesación de pagos, liquidación judicial. “Era un pilar, un punto de referencia para muchos”, susurra Alain, un cliente fiel.

Y Goa no es un caso aislado. En Puy-de-Dôme, casi 200 restaurantes han cerrado en un año, según datos del tribunal comercial: un récord triste. “Se trata de una situación catastrófica y sin precedentes”, alarma Grégory Faverdin, presidente de Umih 63, el sindicato local del sector hotelero y de restauración. Según él, el punto de inflexión se produjo en 2023, cuando los restauradores tuvieron que empezar a reembolsar los préstamos garantizados por el Estado (PGE).

About The Author