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Desde que abrieron su agencia, SO-IL, en 2008, Jing Liu y Florian Idenburg han visto el centro de Brooklyn, Nueva York, sufrir una profunda transformación. Los pequeños edificios de dos, tres o cuatro plantas que constituían la identidad del barrio han sido arrasados ​​masivamente, y aquel en el que están instalados pronto será arrasado también. En cambio, surgieron rascacielos no muy bonitos, los alquileres se dispararon, pero la calidad de las viviendas no siguió el mismo ritmo.

“Los neoyorquinos tienen viviendas deficientes, Lamenta Jing Liu. Todos los apartamentos son del mismo modelo, incluidos los más caros: largos, oscuros, de una sola cara… La norma fijada por los constructores para respetar las normas contra incendios y maximizar sus márgenes, que lleva, en particular, a rechazar todo equipamiento técnico en la fachada trasera, nunca ha sido realmente cuestionada. »

Los dos arquitectos se conocieron en Tokio, en Sanaa, la agencia japonesa donde ambos trabajaron en 2001. De origen chino, criado en Japón, Jing Liu estudió en Estados Unidos. Florian Idenburg es holandés. SO-IL, su agencia, es una de las más importantes en este momento. Veamos el lugar que les ofrecieron este año en la Bienal de Venecia: una sección entera de la Corderie, en el Arsenale, donde desplegaron una fascinante estructura hecha de hilos de nailon, a medio camino entre la gigantesca telaraña y el sótano psicodélico.

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