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¿Dónde se esconde la formidable brújula de las palomas mensajeras? Ni en el pico ni en los ojos, como suponen las dos hipótesis principales, sino en el oído interno, como sugiere una alternativa presentada en Ciencia a partir del 20 de noviembre. Hasta ahora, para detectar el campo magnético terrestre y sus variaciones locales y orientarse, las palomas tenían “opción”. Los cristales de magnetita en sus picos podrían actuar como “agujas”. O las moléculas de la retina, los criptocromos, serían sensibles a un campo magnético tras la activación de la luz, según un sutil mecanismo químico.

En 2011 se formuló una tercera hipótesis. biología actual, retomando una idea del siglo XIXY siglo del francés Camille Viguier. Se basa en un tercer efecto físico, la inducción. Cambiar el flujo del campo magnético a través de un circuito conductor crea una corriente eléctrica capaz de activar neuronas. Un poco como la dinamo de una bicicleta. El movimiento de la rueda es “reemplazado” por los movimientos de la cabeza de la paloma en vuelo.

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