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Por Sébastien Boussois, Doctor en Ciencias Políticas

Mientras Ucrania y Rusia inician negociaciones bajo presión directa estadounidense, cuatro años después del inicio de un conflicto interminable, surgen sobre todo dos preguntas fundamentales para los europeos: ¿Occidente es todavía capaz de dominar el mundo política y militarmente e imponer su propia agenda? ¿Tienen los medios para hacer realidad sus ambiciones cuando la naturaleza misma de los conflictos ha cambiado profundamente en tan sólo unas pocas décadas? Nada es menos seguro. Porque después de medio siglo de relativa paz, de comodidad estratégica para los europeos y de certezas heredadas de la Guerra Fría, las potencias occidentales vivían bajo la ilusión de que su superioridad militar sería eterna. Aprovechando un entorno global relativamente estable en su territorio, han mantenido vivos a los ejércitos convencionales, han reducido sus presupuestos al mínimo, han subestimado las transformaciones del mundo y han aplicado la misma doctrina de defensa a amenazas que ya no tienen nada que ver con los conflictos del siglo XX. Mientras tanto, sus adversarios (estatales y no estatales), desde Hamás hasta los hutíes, desde Al Qaeda hasta Daesh, desde Rusia hasta Irán, desde Corea del Norte hasta China, han desarrollado metódicamente una panoplia de armas no convencionales que están redefiniendo por completo el equilibrio de poder actual. Cincuenta años de transformación de conflictos: ¿Occidente ha perdido la oportunidad?