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Durante la pandemia de coronavirus, había muy pocos ventiladores en todo el mundo para atender a los pacientes. El científico japonés Takanori Takebe ha desarrollado una terapia de oxígeno administrada a través del ano. ¿Realmente puedes respirar por tu trasero?

Cuando el padre de Takanori Takebe tuvo que recurrir a un ventilador debido a una neumonía, el médico japonés inició una extraordinaria investigación: ¿existe una forma más delicada de respirar, quizás incluso a través del intestino?

La idea, que al principio parecía una broma de mal gusto, durante la pandemia del coronavirus se convirtió en un proyecto de investigación serio. En ese momento, los ventiladores empezaban a escasear y los pacientes tenían dificultades para tolerar la ventilación. Hoy está claro: el método funciona al menos en animales. Y las primeras pruebas en humanos demuestran que es seguro.

Takebe, un médico especializado en el tracto gastrointestinal, inicialmente investigó los órganos artificiales. Pero cuando su padre tuvo que ser ventilado, se acordó de animales como el pez de agua dulce mudpeitzger, que puede absorber oxígeno a través del intestino.

En varias series de experimentos, su equipo estadounidense-japonés administró perfluorodecalina, un líquido especial que contiene oxígeno, a cerdos y ratones. El efecto fue sorprendente: la saturación de oxígeno en sangre aumentó considerablemente.

Takebe publicó los resultados en la reconocida revista especializada “Med”. Esto fue suficiente para el Ig Nobel, el premio a la investigación “que primero te hace reír y luego te hace pensar”. Takebe aprovechó su discurso de aceptación en la ceremonia del Premio Ig Nobel para hacer un comentario irónico: “Gracias por creer en el potencial del intestino”. En el escenario llevaba un sombrero con forma de látigo de barro, el pez que inspiró la investigación del equipo.

Ventilación intestinal en humanos.

Ahora el método se ha probado por primera vez en humanos: 27 voluntarios varones recibieron una dosis del líquido por vía rectal y la mantuvieron en sus cuerpos durante una hora. Se descubrió que dosis de hasta 1.000 mililitros eran bien toleradas y que por encima de 1.500 mililitros se producía dolor abdominal en cuatro de seis sujetos.

Un gráfico sobre el estudio resume los resultados más importantes: muestra el diseño del estudio con los grupos de dosificación, el curso del tratamiento, los valores sanguíneos medidos y las indicaciones iniciales de un posible consumo de oxígeno. También se muestran efectos secundarios a dosis más altas.

Aún no se ha demostrado claramente un aumento del consumo de oxígeno como en los animales, pero el perfil de seguridad se considera prometedor. Los resultados también se publicaron recientemente en la revista especializada “Med” con el título “Seguridad y tolerabilidad de la perfluorodecalina intrarectal para ventilación enteral: un primer estudio en humanos”.

Queda por ver si este algún día se convertirá en un método aplicable. Los expertos se muestran escépticos: según “Science News”, el neumólogo John Laffey duda de los beneficios y subraya la superioridad de los pulmones. Otros, como Kevin Gibbs, ven al menos la posibilidad de fases críticas breves, como intervenciones de emergencia.

El propio Takebe sólo habla de una posible incorporación a la ventilación clásica: nada más, pero tampoco menos. Admite que el método ha suscitado reacciones encontradas por parte de los expertos, que van desde la diversión hasta el interés cauteloso.

Antes de que el proceso de captación de oxígeno pueda utilizarse clínicamente, se requiere un estudio de segunda fase con líquidos enriquecidos con oxígeno y pacientes reales.

El artículo fue escrito para el periódico suizo “Tages-Anzeiger”. A través de una colaboración con los principales periódicos europeos (LENA), también aparece en WELT.

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