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ela narrativa de la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una competencia de superlativos. El pionero de la IA, Geoffrey Hinton, advierte sobre la posibilidad de una pérdida mortal de control para la humanidad; el cofundador y director ejecutivo de OpenAI (que produjo ChatGPT), Sam Altman, invoca la promesa de la superinteligencia para recaudar fondos colosales; El director de SpaceX y Tesla, Elon Musk, justifica un “aceleracionismo” industrial y militar ilimitado. Estos puntos de vista no son opuestos. Juntos, desplazan el campo de la política hacia escenarios extremos, redefiniendo quién debe decidir y en nombre de qué urgencia.

En el registro de las profecías tecnológicas, el multimillonario Peter Thiel, cofundador de Palantir, ocupa un lugar especial, el de presagio del apocalipsis. Con esto se refiere al momento de revelación en el que finalmente nos daremos cuenta de que Occidente ha entrado en un estancamiento. El progreso (tecnológico) ha perdido impulso, las instituciones se han vuelto rígidas, la gobernanza internacional ya no produce transformación. Reitera que la inteligencia artificial no está a la altura de un verdadero avance científico, ya que no actúa ni sobre la materia, ni sobre la energía, ni sobre las estructuras de la realidad. Thiel está obsesionado con la idea del estancamiento, de la quiebra de un modelo que ya no sabe inventar.

Llevó esta lógica a su culminación con su serie de conferencias sobre el “Anticristo”. Separada de su significado religioso, esta figura designa para él un régimen político que castiga: un orden global homogéneo que, en nombre de la paz, la seguridad o la ecología, petrifica el progreso. Al contrario, promueve, bajo el nombre de “katechon” (la entidad que retrasa la aparición del Anticristo), todas las fuerzas que se oponen a la formación de una gobernanza global: los empresarios, los Estados aún capaces de autonomía (en particular los Estados Unidos) o incluso Donald Trump. Finalmente, “Armageddon”, la batalla final entre las fuerzas del Bien y del Mal, regresa al mayor enfrentamiento de este siglo entre Estados Unidos y China, presentado como una batalla de civilizaciones.

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