Después de numerosas discusiones, la Comisión Europea presentó dos propuestas para financiar la ayuda a Ucrania, en guerra con Rusia desde hace más de tres años. El primero implica recaudar fondos en los mercados financieros, mientras que el segundo se basa en el uso de activos rusos actualmente congelados en Europa. A pesar de diversas salvaguardias, el Gobierno belga ha vuelto a criticar la idea de utilizar las reservas rusas, en gran parte almacenadas en Bélgica.
“Con las propuestas de hoy pretendemos garantizar a Ucrania los medios para defenderse y continuar las negociaciones de paz desde una posición de fuerza”, explicó el presidente de la Comisión Europea. Según Ursula von der Leyen, la iniciativa europea debería facilitar las negociaciones con el Kremlin: “El mensaje a Moscú es que los costes de la guerra para Rusia están aumentando y por tanto invita a la propia Rusia a la mesa de negociaciones para encontrar finalmente la paz”.
Concretamente, el objetivo de la Comisión Europea es cubrir dos tercios de las necesidades financieras de Ucrania durante los próximos dos años, o 90 mil millones de euros. El resto tendrá que ser garantizado por la comunidad internacional, afirmó von der Leyen. La propuesta de recaudar fondos en los mercados financieros requeriría la aprobación unánime de los países miembros; para el segundo, es decir, el uso de activos rusos, sería suficiente una mayoría cualificada.
Bruselas presentó un paquete de cinco textos, algunos de los cuales son legislativos (requerirán el acuerdo del Consejo y del Parlamento). Una de las propuestas prevé salvaguardias especiales para acomodar a Bélgica, un país en el que está depositada una parte importante de las reservas rusas y que teme riesgos financieros y represalias políticas. Entre otras cosas, la propuesta prevé “prohibir temporalmente cualquier transferencia directa o indirecta hacia o en beneficio del Banco Central de Rusia”.
La operación se realizaría por mayoría cualificada de conformidad con el artículo 122 de los Tratados, que autoriza medidas excepcionales cuando la economía europea esté en peligro. El objetivo de Bruselas es evitar un posible deshielo de las reservas rusas ante la no renovación de las sanciones contra Rusia. El intento es doble: privar a Hungría y a los demás países disidentes de su derecho de veto y al mismo tiempo tranquilizar a Bélgica sobre la solidez del proyecto europeo.