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Un trabajo de experiencia a la vez que un objeto político: así aparece el “World Energy Outlook” de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), un amplio panel que combina hipótesis sobre el futuro de la demanda, análisis regionales y revisión de las palancas de acción para la descarbonización. Este La biblia del sector energético se ve a su vez afectada por el giro “totalmente fósil” de la administración Trump, como lo demuestran los acontecimientos que acompañaron la publicación de su última edición el miércoles 12 de noviembre.

Desde hace meses, los electos republicanos y los allegados a la Casa Blanca lanzan sus flechas contra la AIE, esta rama de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), cuyo jefe, Fatih Birol, se ha convertido en uno de los portavoces más importantes de la transición energética. En el centro de la controversia: sus escenarios que sugieren un pico en la demanda de combustibles fósiles para 2030 y trazan los caminos a seguir para lograr la neutralidad de carbono.

Fatih Birol viene repitiendo desde 2021 que ya no son necesarios nuevos proyectos de extracción de hidrocarburos si la prioridad es frenar la crisis climática. Un enfoque incompatible con la creencia “taladrar, cariño, taladrar” (“fore, baby, fore”) de Donald Trump, autoproclamado heraldo de la industria fósil estadounidense y que percibe cualquier intento de proyectarse en el más allá como una forma de socavar los intereses de un país que se ha convertido en el primer productor mundial de petróleo y gas natural.

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