Francia lleva mucho tiempo orgullosa de su próspera tasa de natalidad. Un signo de vitalidad cuando nuestros vecinos alemanes e italianos mostraban tasas de fertilidad a media asta. El despertar es brutal: por primera vez desde 1945, el número de muertes supera al de nacimientos. Una explosión, una decadencia amenaza. Como estudiantes de secundaria aprendimos a descifrar la pirámide de edad, con su base muy amplia, que ilustra el alto porcentaje de niños y adultos jóvenes. Tiende a parecerse a una plaza, símbolo de un país que envejece y donde el miedo al futuro frena el deseo de tener hijos.