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Y¿Qué pasa si la farsa fiscal europea que exime a los combustibles fósiles continúa hasta 2035? Este es el escenario que podría surgir: el jueves 13 de noviembre, mientras se celebra la COP30 en Belem (Brasil), los ministros de finanzas de los estados miembros de la Unión Europea (UE) se reunirán en Bruselas para decidir sobre el futuro de la directiva sobre fiscalidad energética. Este texto, adoptado en 2003, permite la exención fiscal de los combustibles fósiles en los sectores aéreo y marítimo. Lo que está en juego es inmenso: si no se aprueba ninguna revisión, estas ventajas fiscales, auténticas alfombras rojas para los combustibles fósiles, podrían durar otros diez años. La ya considerable brecha entre las decisiones políticas y las ambiciones ecológicas expresadas por la UE no haría más que ampliarse, condenando una vez más a toda la sociedad a afrontar las consecuencias del cambio climático que las primeras siguen agravando.

Proteger la competitividad económica basada en la energía del carbón, un argumento favorito de los críticos de una tributación más justa en este sentido, ya no tiene legitimidad en un mundo donde el clima está fuera de control. Europa, como el resto del mundo, ya se está asfixiando por olas de calor y al mismo tiempo ahogada por inundaciones. En Filipinas, el súper tifón Fung-Wong llega apenas tres días después de Kalmaegi. El aumento de la frecuencia de estos fenómenos nos recuerda la urgencia de tomar decisiones coherentes con la ciencia. El precio –humano, social, económico– de la negación política de la ciencia superará con creces el de implementar una política ecológica.

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Esta desconexión entre ambiciones y decisiones se encuentra, igualmente marcada, en toda Francia. Incluso si en la COP30 el Presidente de la República multiplica los discursos ambiciosos e invita a los participantes a elegir “ciencia versus ideología”El sector de la aviación todavía escapa al impuesto sobre la energía: un déficit de varios miles de millones de euros cada año para el Estado. En comparación, los 10 millones de euros en subsidios anuales necesarios para mantener los trenes nocturnos de París a Viena y Berlín parecen insignificantes.

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