En la pared hay una huella, la palma de una mano, la famosa huella 33 que es uno de los documentos de las acusaciones contra Andrea Sempio. Y ahora otra huella: la de un zapato, también encontrada en la escena del crimen. Las dos huellas dactilares son compatibles, afirma anoche una primicia de Tg1 sobre las nuevas investigaciones sobre el crimen de Garlasco.
La anticipación se confirma en los círculos de investigación. Es inevitable preguntarse cómo y de qué manera se puede comparar la huella de un pie con la de una mano. Pero los datos, hasta donde sabe el periódico, son ciertos. Y esto no se basaría en las dimensiones de las dos vías sino en el análisis mutuo de su posición. Debido al lugar donde fueron detectadas, es posible que ambas huellas hayan sido dejadas por la misma persona al mismo tiempo. Del asesino de Chiara, que, con las manos ensangrentadas, se apoya contra la pared a lo largo de la escalera, mientras apoya el pie en un escalón. Para comprender qué vínculo científico puede unir ambas pistas, habrá que esperar a los documentos que la fiscalía de Pavía se dispone a presentar a principios de año, cuando se moverán los hilos de la investigación y se archivarán los documentos aún secretos en poder de los investigadores.
En cualquier caso, la noticia del descubrimiento de una nueva estampa, dieciocho años después del asesinato de Chiara Poggi, tiene cierto efecto. Es una confirmación tanto de la cercanía con la que se llevaron a cabo las investigaciones en torno al crimen del 13 de agosto de 2007 como de la determinación con la que la Fiscalía de Pavía está reexaminando todos los elementos aún disponibles: poco material original, porque el resto se ha perdido o destruido; en gran parte a partir de documentación fotográfica de los relieves de la época. Este trabajo es la base de las investigaciones (también todavía secretas) llevadas a cabo por Cagliari Ris y por la médica forense Cristina Cattaneo. La aparición de la nueva impresión es un paso crucial, porque hasta ahora, el único rastro ciertamente atribuible al asesino representaba la suela de un zapato de lunares atribuido a Alberto Stasi.
Ahora aparece otro. Diferente al estampado antiguo: suela a rayas en lugar de puntos. Lo suficientemente claro como para incluir en la película que Cattaneo está reconstruyendo el ataque de Chiara: una película en 3D, que requirió llamar a Sempio al instituto de medicina forense, para medirlo con el láser y comprobar si es compatible con los movimientos atribuidos al asesino.
La hipótesis más probable es que en el momento en que deja las dos huellas, la de la mano y la del zapato, el asesino desciende la pendiente, al inicio de las escaleras al pie de las cuales Alberto Stasi encontrará el cuerpo de Chiara. La situación de Sempio se complica un poco más, pues siempre ha sostenido que en la huella 33 no había rastro de sangre, y si efectivamente procedía de su mano, podría haber sido dejada en otros momentos.
Pero si dejamos el 33 con la marca de zapatos, que seguramente es la del asesino, todo se complica para la ex amiga de Marco Poggi, hermano de Chiara. Al parecer, el escenario también se complica para los investigadores, porque si las dos suelas realmente son zapatos diferentes, se hace evidente la participación de un mayor número de asesinos en el crimen.