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El Senado inició el miércoles el examen de un proyecto de ley contra el fraude social y fiscal del que el Gobierno espera obtener más de dos mil millones de euros, a pesar de la fuerte oposición de la izquierda que denuncia “implacabilidad” hacia los beneficiarios de las subvenciones.

Nuevos medios para detectar el fraude, sanciones y obligaciones reforzadas, mejor intercambio de información en las administraciones… Con este plan, el Gobierno pretende afrontar un gran proyecto, tanto más útil en un contexto de deslizamiento presupuestario.

El ejecutivo también quiso vincular el examen de este texto al del presupuesto, actualmente en curso en la Asamblea Nacional, considerando este “plan fraude” como un complemento imprescindible de los presupuestos del Estado y de la Seguridad Social.

Sólo en el aspecto social, según las evaluaciones del Consejo Superior para la Financiación de la Protección Social, el fraude representaría de hecho un déficit anual de 13 mil millones de euros. Sin embargo, solo se pudieron identificar 2 900 millones de euros en 2024, con una tasa de recuperación real muy baja.

Este proyecto de ley pretende “acelerar la transición de la sospecha a la detección, de la detección a la sanción y de la sanción a la recuperación”, resumió la ministra de Sanidad, Stéphanie Rist, al inicio de los debates.

En particular, el texto prevé facilitar la transferencia de información dentro de la administración, por ejemplo ampliando el acceso a los datos fiscales y sociales a los seguros de salud, seguros de vejez y agentes de fondos de pensiones.

Incluso los transportistas sanitarios (ambulancias y taxis) deberán equiparse con un dispositivo de geolocalización para controlar la realidad de sus servicios a partir de 2027.

El proyecto de ley también incluye un apartado relativo al trabajo oculto, con, entre otras medidas, un aumento de la tasa CSG para los ingresos procedentes de actividades ilícitas.

El miércoles por la tarde los senadores se ocuparon principalmente de la parte fiscal del proyecto de ley, que es menos irritante que la dedicada al fraude social. En particular, han adoptado un artículo que somete todas las transacciones de “bienes de lujo” superiores a 10.000 euros a determinadas obligaciones de supervisión en la lucha contra el blanqueo de capitales.

Se esperan 2,3 mil millones de euros, una proyección “no creíble”.

También reforzaron las sanciones aplicables en caso de fraude a las finanzas públicas cometido por una banda organizada, aumentando la pena a 15 años de prisión frente a los 10 previstos por el estado actual de la ley.

El Senado también votó a favor de otorgar a la administración tributaria la capacidad de controlar los terminales de pago electrónico de los profesionales.

El gobierno espera recuperar, gracias a toda esta ley, 2.300 millones de euros a partir de 2026. Es decir, según los senadores, 1.500 millones de euros para el fraude fiscal y 800 millones de euros para el aspecto social. Una actuación que “no parece creíble”, según el Consejo Superior de las Finanzas Públicas (HCFP).

Las medidas propuestas por el gobierno son “relevantes”, consideró el senador de la UDI (centro) Olivier Henno, coponente de este texto, pero “el gobierno sigue siendo muy tímido al principio”, afirmó, prometiendo “endurecer el texto para identificar mejor, recuperar más y sancionar más”.

A pesar de la oposición de la izquierda, la alianza de centroderecha que domina el Senado intentará, el jueves en particular, reforzar las herramientas de que dispone France Travail adoptadas para verificar el lugar de residencia en Francia de los beneficiarios. Otra medida propuesta es la suspensión cautelar de las prestaciones sociales en caso de sospecha grave de fraude.

“El fraude es un fraude, ya sea por parte de un directivo de empresa, de un trabajador de la Seguridad Social, de un beneficiario de desempleo o de RSA. Hemos violado un poco las reglas”, afirma la senadora y coponente de LR, Frédérique Puissat.

La izquierda, minoritaria, se ha unido para criticar este proyecto de ley que, en su opinión, se centra demasiado en el fraude social entre los beneficiarios de prestaciones. “Nos dirigimos a los beneficiarios de bajos ingresos, evitando a las multinacionales”, se quejó la comunista Cécile Cukierman.

El socialista Patrick Kanner estima que este texto sugiere “que los pobres constituirían una amenaza para los principales equilibrios financieros del país”.

La Cámara Alta votará todo el proyecto de ley el martes, antes de su transmisión a la Asamblea Nacional.

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