Investigación “Día del Clic”, llegan las condenas: 5 años y 8 meses de prisión para el penalista Gerardo Cembalo, considerado por la Fiscalía como promotor y organizador del comercio destinado a la entrada y estancia ilegal de ciudadanos extracomunitarios en el territorio nacional; 5 años y 4 meses para su esposa, María Chirico; sin embargo, la asistente Nadia Outalbi fue absuelta.
Así termina, con dos condenas y una absolución, el primer nivel de sentencia de uno de los tramos de la investigación de la Fiscalía que culminó en julio de 2024 con la detención de los tres imputados, que acabaron en la prisión de Fuorni. La sentencia, pronunciada por la tercera sección penal (la presidenta Carla Di Filippo, junto con Daniela Pulcinaro y Giuseppe Pugliese), se produjo al final del proceso abreviado suspendido, que permitió a los acusados beneficiarse de una reducción de un tercio de la pena. Según la acusación, el grupo habría favorecido la entrada en Italia de al menos 144 ciudadanos extracomunitarios, aprovechando los decretos de flujo de 2023 y 2024 y poniendo a prueba las prácticas de las ventanillas únicas para la inmigración en las prefecturas de Nápoles y Salerno.
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En línea paralela a la investigación, ya han llegado otras condenas: 3 años y 4 meses para Angrese Raffaele Nappi, presidente del consejo de administración de la empresa “Gli Antichi Sapori”, sospechoso de ser el creador y promotor de la asociación; un año y 10 meses para su hijo Armando Nappi, representante legal de la cooperativa agrícola Arfedi de Capaccio; 2 años y 8 meses para Mohamed Bilger, señalado como uno de los intermediarios clave en la contratación de extranjeros.
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Precisamente de las encuestas se desprende el papel central de los ciudadanos extracomunitarios ya incluidos en la red, utilizados como intermediarios entre los “clientes” que buscan un permiso de residencia y la organización.
En la cima, según la Fiscalía, estaría el abogado Gerardo Cembalo, definido como director de la “célula de peculado”, junto a su esposa. El abogado de Salerno, activo también en Casablanca, donde dirigió un segundo despacho, pudo contar – también según el sistema del fiscal – con una red de contactos directos en el extranjero, reforzada por intereses inmobiliarios compartidos con su esposa, que permitieron interceptar la solicitud y alimentar el flujo ilegal. Según los investigadores, el sistema estaba bien probado y tenía tarifas precisas: mil euros por presentar la solicitud los días de clic, dos mil euros por expedir la autorización y dos mil más en el caso de un contrato de trabajo ficticio.