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Cualquiera a quien le guste lucir una manicura impresionante conoce de primera mano la frustración de la escena: estás allí, con el teléfono inteligente en la mano, y en lugar de escribir ágilmente un mensaje rápido, te ves obligada a contorsionarte. Tienes que doblar la punta del dedo hacia un lado, usando el costado del dedo en un movimiento incómodo y antinatural, con la esperanza de no presionar tres letras a la vez. Un problema cotidiano para miles de mujeres (y cada vez más hombres), que nace del hecho de que nuestras modernas y sofisticadas pantallas táctiles ignoran obstinadamente la belleza de nuestras uñas. Pero la solución a este inconveniente tecnoestético podría venir finalmente de la química. Un equipo de investigadores del Centenary College of Louisiana, dirigido por un estudiante de química cosmética Manasi Desai y el profesor asociado Joshua Lawrence, han desarrollado un esmalte de uñas transparente capaz de transformar las uñas en auténticos lápices capacitivos. Los resultados preliminares del descubrimiento fueron presentados recientemente en la reunión de primavera de la Sociedad Química Estadounidense (ACS).

El problema subyacente: ¿por qué la pantalla no “se siente” como un clavo?

Para comprender el alcance de la invención, debemos comprender cómo funcionan los dispositivos que utilizamos a diario. Las pantallas táctiles capacitivas de los teléfonos inteligentes y las tabletas generan en su superficie un campo eléctrico débil y continuo. Cuando un material conductor, como la piel humana, toca la pantalla, interrumpe este campo al absorber una cantidad microscópica de carga eléctrica. Los sensores detectan esta variación (llamada “capacidad“) e identificar la posición exacta del tacto. Las uñas, sin embargo, están compuestas de queratina. Al ser un material aislante y no conductor, la queratina no cambia de ninguna manera el campo eléctrico de la pantalla. Para el teléfono, la uña simplemente no existe. Esta limitación no concierne sólo a los entusiastas del arte de las uñas, sino crea el fenómeno del llamado “dedo zombie”: un problema conocido por los carpinteros, guitarristas o trabajadores manuales que, habiendo desarrollado callos gruesos en las puntas de los dedos, Tienen dificultades para que sus dispositivos registren su contacto.

En el pasado, la industria ya había intentado crear acristalamientos capacitivos. Las soluciones anteriores, sin embargo, tenían defectos insuperables: dependían de la inserción de nanotubos de carbono o partículas metálicas dentro de la pintura. Además de ser potencialmente tóxicos si se inhalan durante la fase de producción, estos polvos limitaban el resultado estético, tiñendo el esmalte de colores oscuros como el negro o el gris oscuro. La intuición de Manasi Desai cambió la perspectiva. El investigador probó metódicamente 13 barnices transparentes comerciales mezclándolos con más de 50 aditivos diferentes, buscando una fórmula transparente, no tóxica y conductora.

La combinación ganadora resultó ser la compuesta poraminoalcohol, etanolamina y taurina (el conocido aminoácido que se encuentra en las bebidas energéticas). En lugar de utilizar metales, el nuevo esmalte utiliza el principio de la química ácido-base. “Creemos que los materiales que producimos funcionan cambiando protones de grupos ácidos a grupos básicos”, dijo el profesor Lawrence a WordsSideKick.com. “Creemos que hay un intercambio de protones en la superficie del esmalte, que desempeña el mismo papel que la movilidad iónica en la piel”. Básicamente, al entrar en contacto con la pantalla, la etanolamina libera protones que “engañan” al dispositivo haciéndole creer que ha sido tocado con la yema del dedo.

Límites a superar

El entusiasmo por la patente provisional ya presentada es grande, pero el camino hacia las estanterías de la perfumería aún es largo. “Nuestro esmalte final se puede aplicar sobre cualquier manicura o incluso sobre uñas desnudas. “Proporciona un beneficio estético y un beneficio práctico”, enfatizó Desai. Sin embargo, los prototipos actuales tienen problemas químicos. La fórmula no se distribuye uniformemente, creando un acabado granulado y moteado que el profesor Lawrence llamó “no está realmente de moda”. Además, el verdadero talón de Aquiles es la vida útil: la etanolamina se evapora demasiado rápido. “Todas nuestras formulaciones pierden su eficacia después de horas o días, mientras que nos gustaría que duraran semanas”, admite Lawrence. El equipo ahora está trabajando para identificar alternativas químicas más estables para convertir este brillante prototipo en un producto imprescindible para la Generación Z (y más allá).

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