Camiseta verde de FNSEA en la espalda, Charlotte Vassant baja del autobús sonriendo. Al igual que sus vecinos, la agricultora salió de Saint-Quentin, en Aisne, esta mañana a las 7 de la mañana para llegar a Bruselas. A su alrededor ya hay unos centenares de personas en el norte de la capital belga, bajo discretos rayos de sol. Todos respondieron al llamado de las organizaciones agrarias este jueves 18 de diciembre. Con un objetivo claro: “Esto demuestra nuestro descontento” Respira Carlota.
Entre los temas en disputa: la reducción del presupuesto de la PAC, pero también el impuesto a los fertilizantes y el acuerdo entre la UE y los países latinoamericanos del Mercosur. “Estamos matando el mercado” —protesta la campesina, con la voz amortiguada por el ruido de las bocinas. Como muchos aquí, esta es la primera vez que la joven viene a manifestarse en Bruselas. “Ya no tenemos otra opción. Tenemos que ejercer presión” insiste, antes de unirse a otros grupos de Francia.
Con carteles en mano, los agricultores recorren la avenida hasta llegar al escenario, donde se suceden los representantes sindicales. Alexis, puesto de puntillas, intenta ver lo mejor que puede un extremo de la grada. Delante de él una nube de banderas francesas y españolas.