Tras la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, Hezbolá decidió relanzar el conflicto con Israel, explica el Financial Times. La respuesta masiva israelí se sintió muy rápidamente, provocando que decenas de miles de libaneses huyeran por todo el país y creando una nueva crisis humanitaria. La decisión de Hezbollah, considerada imprudente y suicida por un diplomático occidental, es ampliamente cuestionada, incluso dentro de las bases del movimiento.
Los ataques con misiles de Hezbollah contra Israel, motivados por el deseo de apoyar a Teherán, contradicen su reciente promesa de no participar en el conflicto, aunque esta elección era previsible según los expertos. Algunos miembros esperan, sin embargo, que la participación en esta guerra les permita ser incluidos en un futuro alto el fuego regional. Por ahora, esa perspectiva parece distante, ya que Israel ha lanzado operaciones terrestres en el Líbano y busca establecer una “zona de amortiguamiento”, lo que genera temores de una presencia militar duradera.
El dilema de Hezbolá
Hezbollah, que alguna vez fue la fuerza dominante en el Líbano y un pilar de la red regional de Irán, se ha debilitado significativamente después de abrir un frente contra Israel tras el ataque del 7 de octubre de 2023. Esta entrada en el conflicto fue parte de una doctrina conocida como “unidad de frentes”, según la cual todos los aliados del eje pro-iraní deben intervenir contra Israel si uno de ellos es atacado. Para muchos, esta estrategia será ciertamente fatal para el grupo. La llegada al poder de un nuevo liderazgo, tras la muerte del líder histórico Hassan Nasrallah, ha provocado acalorados debates en torno a la pregunta: ¿deben prevalecer los intereses nacionales sobre el compromiso estratégico e ideológico con Irán?
Desde hace varios meses, personas cercanas a Hezbollah han estado hablando de divisiones internas. Por un lado, están los que esperan que el grupo dé prioridad a los intereses nacionales, por otro, los que creen que el futuro del partido está ligado a la supervivencia del régimen iraní. Según los medios locales, los partidarios de este segundo bando lanzaron el ataque contra Israel sin consultar a Naïm Qassem, el sucesor de Hassan Nasrallah. Luego, el gobierno libanés prohibió las actividades de Hezbollah, a pesar del temor de que se desatara una guerra civil entre los dos bandos. Nabih Berri, aliado histórico de Hezbollah y presidente del parlamento libanés, se mostró a favor de esta medida.
Aunque debilitado por el último enfrentamiento, el grupo no se detuvo y lanzó más misiles. Del lado de Israel, el objetivo es claro: hacer que esta batalla de Hezbolá sea la última. Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor del ejército israelí, dijo esta semana: “Concluiremos esta campaña no sólo atacando a Irán, sino también infligiendo una aplastante derrota a Hezbolá”. Hoy el país pide a los residentes del sur del Líbano que evacuen el norte del río Litani, mientras los ataques golpean varios barrios de la capital.