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Desde el principio supusimos que el lobo estaba en una posición de fuerza. ¿Pero qué pasaría si recibiera un gran golpe? ¿Qué pasaría? Este es el camino recorrido por dos libros para niños, el primero publicado a principios del año escolar y el segundo a principios de 2026: hola lobo Y ¡Abre esta puerta!

En Hola lobo, un niño llama al perro (con un plátano, ¿por qué no?): “Hola lobo, soy Léon, lo siento, no puedes venir, estoy en la cena”. El azulejo. El lobo ya está en camino, acaba de salir de su bosque. Mientras sube a su velero para llegar a la casa de Léon, el niño le recuerda: no es posible, está en la bañera. El animal persevera y recorre los últimos metros que lo separan de su objetivo. Léon toma su cepillo: no deseando que lo mastiquen, se cepilla los dientes. Pero el lobo no suelta sus patas, intenta tocar el timbre, luego pasa por la chimenea, de nuevo no y no: Léon orina, luego hace caca, luego su madre le lee un cuento, luego su padre lo abraza… En resumen, el lobo no parece saber gran cosa sobre el túnel de la tarde. Después ? Pues entonces tienes que dormir, ¡ya no es momento de dejarse devorar!

En ¡Abre esta puerta!, el lobo ya está en la casa… Ups. Llama a la puerta, amenaza (“¡Cuidadoso!” y más “Gggrrr…”), mente (“Tengo una tortita y un tarro de mantequilla”), pero al otro lado de la puerta reina la intransigencia: no se trata de desbloquear esta barrera protectora (“Y tu hermana, caperucita, ¡vete a buscar para otro lado!”, “¡Vete a caminar por el bosque mientras no estás!”, escuchemos desde el otro lado). El lobo puede amenazar con estallar, pero no impresiona a nadie. No, no es así. La puerta permanecerá cerrada.

Dos álbumes pequeños, a veces tiernos (hola lobo), a veces divertido (¡Abre esta puerta! ; no os contamos el final, pero merece la pena), que profanan la figura del malvado perro representado durante generaciones en los cuentos. ¿Cómo afrontar con más tranquilidad la hora de dormir?

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