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En los últimos años, China ha experimentado una rápida transición hacia los vehículos eléctricos: en apenas unos años, los vehículos eléctricos han capturado más de la mitad del mercado interno, abrumando la demanda de automóviles propulsados ​​por gasolina. Como resultado, muchas fábricas –incluso las de grandes fabricantes chinos– se encuentran con una capacidad de producción no utilizada, que se estima es capaz de ensamblar hasta 20 millones de automóviles térmicos por año.


Para reiniciar la producciónEstas empresas han optado por vender su inventario no vendido en los mercados globales: desde principios de 2020, el 76% de las exportaciones de automóviles chinos han sido modelos de combustión interna. Para 2025, las exportaciones mundiales habrán aumentado (de alrededor de 1 millón por año a más de 6,5 millones) con América del Sur, África, el Sudeste Asiático y Europa del Este como los principales destinos.


La estrategia empujasegún el sitio interautonews.com, por políticas industriales que durante años subsidiaron la producción de vehículos eléctricos, generando una guerra de precios y volviendo no rentables los modelos tradicionales: ahora, los excedentes de automóviles de gasolina y diésel se “venden” en el extranjero.


Esta ola de exportaciones representa una amenaza significativa para los fabricantes locales en los países de destino, donde los automóviles chinos compiten en precio y volumen. En muchos mercados emergentes con poca infraestructura para vehículos eléctricos, la demanda de automóviles tradicionales sigue siendo fuerte, lo que hace que la ofensiva de Beijing sea particularmente efectiva.


Según analistasLas ventas de China en el extranjero podrían aumentar en otros 4 millones de vehículos para 2030, acercándolo a controlar alrededor del 30% del mercado automovilístico mundial.


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