Cuatro años después de la crisis energética que los afectó, tras la invasión rusa de Ucrania, los Veintisiete se ven nuevamente obligados a hacer frente a la subida de los precios, esta vez provocada por el conflicto en Oriente Medio. Los ministros europeos de energía lo debatieron el lunes 16 de marzo en Bruselas y el tema estará en el centro de los debates entre los jefes de Estado y de Gobierno que se reunirán en la capital belga el jueves 19 de marzo.
Desde 2022, los europeos han aprendido a vivir sin los hidrocarburos rusos, han aumentado el uso de energías renovables y han diversificado sus suministros. Pero no han dado la espalda a los combustibles fósiles, mientras que su infraestructura energética necesita modernizarse y estar mejor conectada. Por lo tanto, siguen siendo vulnerables a cualquier aumento del gas o del petróleo. Sobre todo porque, dentro de la Unión Europea (UE), el precio de la electricidad se calcula en función de la última central eléctrica utilizada para satisfacer la demanda, que, durante los picos de consumo, suele ser una central alimentada por gas.
El conflicto en Oriente Medio ya ha aumentado la factura europea por las importaciones de combustibles fósiles en 6.000 millones de euros, recordó Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, en una carta a los líderes europeos publicada el lunes. Y “el precio de nuestra dependencia”se arrepintió.
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