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Cuando, en la final de Lady Macbeth del distrito de Mcenskla etapa de Escaleras se transforma en un incendio y dos personajes femeninos están envueltos en llamasel público contiene la respiración. El calor llega a los puestos, el olor a quemado penetra en las cajas. Es una escena que queda impresa, muy potente, pero sobre todo real: el fuego es real, las llamas suben muy alto y lo que sucede en el escenario es resultado de un trabajo técnico, físico y humano que muy pocos conocen.

Así lo dijo en una entrevista con Corriere della Sera, Soy Béatrice Del Bo y Marie Schmitz, las dos dobles, una italiana y otra alemana, que encarnan la parte más arriesgada y espectacular de la producción. Profesionales de los bomberos, intérpretes invisibles“Antorchas humanas” profesionales. “Soy Más de cincuenta veces que quemo en el escenario y, sin embargo, siempre tiene un cierto efecto.o”, admite Marie, de rostro delicado y larga cabellera rubia que contrasta con la brutalidad de la tarea. “Cuando el traje, impregnado de sustancias inflamables, se enciende, la llama se propaga en un instante, de la cabeza a los pies”.

Béatrice, morena, actriz y acróbata, añade: “La temperatura alcanza hasta los 600 grados. Son unos veinte segundos de pura adrenalina, durante los cuales no puedes permitirte el lujo de cometer ningún error. » El protocolo es muy estricto: traje ignífugo debajo del disfraz, capas de gel protector en cara, cuello y manos. Un ritual que se repite de forma idéntica todas las noches. Sin embargo, la seguridad absoluta no existe: “De vez en cuando nos quemamos”, admite Marie. Es parte del trabajo: entramos en los momentos más peligrosos, peleamos, robamos, caemos por las escaleras. Nuestro trabajo es morir en lugar de los demás.“. Un trabajo que requiere una colaboración total, como señala Béatrice: “Para hacerlo sin riesgos, se necesita un equipo. La primera regla es saber que el fuego es impredecible. hay que respetarlo. El fuego hace lo que el fuego quiere.siempre nos dice Ran”. Ran es Ran Braun, diseñador de acción real y coordinador de especialistas, jefe de efectos especiales de la producción y colaborador del director Vasily Barkhatov. Es su primera vez en La Scala, pero regresará esta temporada para Nabucco. Durante la escena del incendio, él y su equipo rastrean todo, desde un camión escondido entre bastidores, listo para intervenir a la menor señal de peligro.

La elección de Barkhatov –reemplazar el lago helado predicho en el libreto por un remolino de llamas– transformó el final de la ópera en una imagen simbólica de poder y destrucción. Las dos mujeres abrazadas en el fuego, fusionándose en una sola hoguera, tienen un impacto casi cinematográfico.: violencia, aniquilación, pasión que degenera en muerte. Un final apasionante que parece tener un eco irónico en la biografía de Shostakovich. “En una foto antigua que acabó en la portada de Time”, recuerda el Corriere, “el compositor aparece con un casco de bombero”. De hecho, cuando era estudiante, se había ofrecido como voluntario en el equipo de extinción de incendios del conservatorio. Quién sabe cómo habría mirado esta escena: una ópera que literalmente prende fuego a La Scala.

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